viernes, 30 de diciembre de 2016

Frases

Llévame a tu casa o invítame a la mía
yo no haré nada que tú no quieras
con la condición de que tú hagas

todo lo que no te pida.





sábado, 24 de diciembre de 2016

deseos navideños.

Cuando era chiquito, me enseñaron que en las fiestas hay que desear… de adolescente aprendí que “desear” era mucho más interesante de lo que yo creía. Pero la idea era “desear”, en las fiestas había que “desear” mucho para que quizás y con suerte se cumpla algo.
Claro que todo dependía de la meritocracia. Si uno había sido lo suficientemente bueno, se cumplía y si no… bueno, lo obvio.
De grande comprendí que todo dependía del azar y que, si uno deseaba suficientes cosas, alguna, inevitablemente se iba a cumplir (por ley de probabilidades, si lanzo una moneda al aire y deseo que salga cara tengo 50 % de probabilidades; pero si deseo que salga cara del mismo modo que deseo que salga ceca… bueno, las probabilidades de acertar son de un 100 %).
Entonces he decidido hacer mi lista de deseos… de los deseos que pueden ser enunciados, claro está.
Deseo:
1) Que cuando uno tiende una mano el otro no se sienta obligado a responder con ninguna gentileza. Me incomoda decir que no a cosas que te ofrecen por compromiso.
2) Que cuando te tiendan una mano, no esperen nada a cambio y que lo hagan porque les salga sin esperar que al final haya recompensa…
3) Que la gente deje de mirar el trabajo ajeno y quejarse de lo que hacen o no los otros como excusa para no hacer nada.
4) Que los que hablan de compromiso se comprometan, que los que hablan de jugarse se jueguen y, por qué no, que los que hablan de “no hagamos nada” militen por eso y dejen de rompernos los huevos a los que creemos que es posible.
5) Que los que dicen que te extrañan, te extrañen. Que los que no te lo dicen pero lo sienten, que lo digan.
6) Que los hermanos no peleen tantas veces por boludeces porque la hermandad es el único vínculo que no puede romperse.
7) Que los hijos sepan distinguir entre los problemas que afectan a los padres y los problemas que los involucran a ellos.
8) Que los “seguros” se permitan por una vez dudar.
9) Que los resentidos y los que odian puedan ver más allá de sus resentimientos y odios.
10) Que los que encuentran siempre algo malo en lo que dice el otro se oigan alguna vez.
11) Que los que piensan que hay una verdad se den cuentan… alguna vez.
12) Que los que se creen geniales se sientan mierda.
13) Que los que se sientan mierda se crean geniales.
14) “Que gane el quiero la guerra del puedo”.
15) Que los que creen que si lo dice mucha gente es verdad se den cuenta de lo equivocado que están.
16) Que los superados sean superados.
17) Que los olvidados sean recordados.
18) Que la gente que uno quiere no se muera.
19) Que los regalos no sean obligación.
20) Que la literatura siga siendo un artefacto inútil.
21) Que no se extienda la saga de Star Wars.
22) Que el lupus sea una enfermedad curable.
23) Que el cigarrillo no de cáncer.
24) Que la paz mundial no sea sólo un deseo de las concursantes de un certamen de belleza.
25) Que los medios masivos de comunicación comuniquen.
26) Que los reyes se mueran (aunque sean magos).
27) Que los amigos no esperen nada a cambio de su amistad.
28) Que el saber siga sirviendo para conquistar mujeres.
29) Que desaparezcan los pronombres posesivos porque carezcan de sentido.
30) Que la realidad siga tan inaprensible como siempre.
31) Que la vida se deje besar la boca de vez en cuando.
32) Que valga más el yo soy que el yo tengo.
Finalmente…
Que no existan las listas de los deseos porque no hagan falta…

Felicidades a todos, que la noche sea “buena” y que el año sea “nuevo”.






miércoles, 21 de diciembre de 2016

La silla vienesa.


“Su luna de miel fue un largo escalofrío.” H. Quiroga

Su luna de miel fue un largo escalofrío. Cogían noche y día, solos, acompañados, con juguetes y sin ellos, a toda hora. Lo quería mucho y hubiera sido capaz de ofrecerle cualquier cosa que él deseara. Pero algo en la mirada de Jordán la intimidaba, la hacía termerle y a la vez desearlo.
Él, por su parte, la amaba, profundamente. Sin darlo a conocer más allá de su deseo y su llenarla de saliva todo el cuerpo lengüeteando hasta los lugares menos pensados.
Durante tres meses (se habían juntado en abril) vivieron una dicha muy especial. Pero una tarde, luego de terminar de hacerlo, luego de sentarse a la mesa (como siempre) en las desvencijadas sillas vienesas (con la cuerima rota y la goma espuma desvencijada). Él apoyando sus pelotas y ella con el orificio anal dilatado. Luego de esa tarde, todo cambió.
Ella sintió un cosquilleo, como un eco del amor que habían hecho. Él no sintió nada.
Nunca más actuó igual, se resistió incluso a sus impulsos. Él pensó que ella estaba agotada, que su eterno deseo insatisfecho la había hartado. Y era lógico, no salían nunca de la casa… Jordán siempre tenía ganas… ella, no.
Comenzó a pasar más tiempo recostada. Acusaba dolores de vientre y de cabeza. Alicia (así se llamaba) tuvo una serie de desvanecimientos que preocuparon a Jordan.
Inaudito en él, símbolo de su cariño, llamó al médico.
¿Qué le pasa?
No sé, está débil y sin ganas…
El médico la miró, auscultó y todo lo que hacen los médicos en esos casos… pero conocía a Jordan y suponía el mal.
Tenés que dejarla descansar… ya se pondrá bien. Si mañana se despierta como hoy, llamame en seguida.
Al día siguiente Alicia seguía peor y se pudo constatar una notoria anemia. Se levantaba sólo para vomitar y no había nada que su estómago tolerara.
Jordán la custodiaba, celoso. Ya había ido de otras a sacarse las ganas pero no servía, la quería a ella y la quería bien.
Una mañana Alicia se despertó gritando. Jordán a su lado, solo abrió los ojos para verla desgarrándose la piel a arañazos.
Sacámelas, sacámelas… gritaba deseperada.
La pesadilla se repitió y los médicos determinaron locura y aplicaron antidepresivos.
Ella pronto olvidó sus alucinaciones pero no mejoró nunca.
Una mañana del 21 de diciembre murió sin que nadie supiera por qué.
Cuando la maquillaban para que luciera su hermoso traje de madera recién comprado, el encargado de la funeraria lo llamó. Dio vuelta el cuerpo y le mostró el ano.
Mire, parecen picaduras…
Sin saber por qué, Jordán sintió que los cabellos se le erizaban.
El cuerpo se mueve… dijo el encargado y apretando las nalgas de la muerta salieron millones de pequeñas arañas que se desparramaron por todo el lugar.

Desde aquella tarde en que Alicia y Jordán se habían sentado en las desvencijadas sillas una de esas arañas de campo, pequeñas y saltonas, había puesto sus huevos en el cuerpo de ella. Poco a poco se la fueron comiendo por dentro… casi como el amor.












miércoles, 14 de diciembre de 2016

Siempre supe...

Yo siempre supe
que nací para estar solo
y esto podría ser un poema
pero no lo es.
Tal vez he hecho
Mucho daño sin saber,
lo que siempre supe,
que nací para estar solo.
Podría ser un poema…

pero no lo es.








viernes, 9 de diciembre de 2016

Desecnuentro



Las palabras son siempre un desafortunado desencuentro planificado. El Otro, sólo una excusa a quien culpar de las decisiones que ya hemos tomado… hace tanto.
Si dejáramos hablar a los cuerpos, a la cabeza en el hombro recostada, a los silencios de almohada…
Pero no se puede, parece que es imposible, querer y dejar quererse sin esperar nada.
Y pensar que no reclamamos, y quejarnos de que el otro reclama.
Y hacer inútil el cariño por llenarlo de vanas palabras.