martes, 18 de octubre de 2016

XXY y el sexo de las orillas. Análisis personal del film XXY de Lucía Puenzo




El objeto.
XXY es una película escrita y dirigida por Lucía Puenzo estrenada a mediados del 2007. Está basada en el cuento «el cinismo» de Sergio Bizzio.
El film parece tratar, supuestamente, de una joven con síndrome de Klinefelter, pero no deberíamos quedarnos con eso ya que acota las lecturas de la película y torna confusa su significación. En realidad los varones con síndrome de Klinefelter (o síndrome XXY) no poseen rasgos femeninos como la protagonista de la película. La película no pretende, como así tampoco lo pretendía el relato de Bizzio, ser una película testimonial sobre el padecimiento de una enfermedad o estado; todo lo contrario, la película pretende poner en debate la “normalidad” en la sexualidad.
Los personajes son adolescentes en su despertar sexual antes de aceptar la imposición sesgada del paradigma heterosexual. Alex y Álvaro, ambos personajes, descubren en sus primeras experiencias sexuales que no encajan en los esquemas estereotípicos reclamados por sus padres. Ese es en realidad el tema: qué ser cuando no se puede ser lo que te dicen que tenés que ser. Alex debe elegir por una opción física y Álvaro, una psíquica; pero ambos están en igual disyuntiva y se enfrentan a distintos discursos que habilitan o rechazan la posibilidad de ser una cosa distinta.

La lectura.
Es interesante comenzar el análisis de la película desde la escritura misma del título, la «escritura» desde el concepto barthiano, la grafía del texto escrito: la Y no es una Y sino una X trunca, una X a la que le falta un pie, una ausencia, una X que se convierte en Y por «carencia» de algo, su identidad (la identidad de la Y) se construye por la falta de una parte de la X. La confección de esta Y nos remite a la estructuración del género desde una perspectiva freudiana en la cual un género se define por la carencia de lo que el otro género tiene. Esta imagen se refuerza al iniciar la película cuando vemos a Alex correr con un machete, enfocado en plano detalle (el plano detalle de elementos cortantes va a ser un recurrente en todo el film), que termina con un golpe dado al aire, luego pantalla negra y finalmente XXY con, como ya dijimos esta Y originada en la X cercenada. En realidad, esta imagen es, en sí, un oxímoron porque dentro del paradigma analítico Alex es, quizás, la única mujer completa que no puede llorar la ausencia de falo porque lo tiene.
El lugar es otro sema importante. Que la acción esté situada en la costa, en las orillas, no creo que sea casual. En las orillas de un río, en las orillas de un río que es límite, límite que separa el acá del allá, lo uno y lo otro, con la problemática de que los ríos tienen «dos» orillas. Todos los personajes adolescentes, en pleno descubrimiento de su sexualidad, transitan las orillas de la normalidad; pero no son representaciones de lo que el modelo cultural heterosexual acepta como «normales».
Otro elemento significativo es el nombre de Alex, (en el cuento es Rocío) pero en la película optaron por este nombre para reforzar la ambigüedad del género puesto que es un nombre tanto masculino como femenino.
Álvaro es un joven sensible, de esos jóvenes que seguramente son centro de burlas en los entornos adolescentes. Comienza la película y Suli, la madre de Alex, saluda a Álvaro diciéndole una de esas frases que conllevan un peso cultural machista muy fuerte: «Estás hecho todo un hombre»… frase que sin dudas no se corresponde con la imagen que proyecta el muchacho.
No hay dudas biológicas de que Álvaro sea un varón, pero la definición del joven no encaja dentro de las opciones que disponen los varones en el modelo heterosexual.
«Si el género es el significado cultural que el cuerpo sexuado asume, entonces no puede afirmarse que un género únicamente sea producto de un sexo. Llevada hasta su límite lógico, la distinción sexo/género muestra una discontinuidad radical entre cuerpos sexuados y géneros culturalmente constituidos.»
Alex es un/a adolescente en pleno despertar sexual y sus juegos son tan ambivalentes como su cuerpo. La vecina, Álvaro, el muchacho pescador… Alex se descubre en la medida en la que descubre una sociedad llena de prejuicios.
Un diálogo altamente significativo acontece en el bosque entre Álvaro y Alex:
«–Alex, pero vos no sos…
–Soy las dos cosas.
–Pero eso no puede ser.
–¿Vos me vas a decir a mí que es lo que puede o no ser?
–Pero ¿te gustan los hombres o las mujeres?
–No sé.»
Álvaro reclama una definición dentro de los parámetros que pueda entender, una definición que Alex no tiene porque su ser escapa a esos parámetros, no encaja.
La palabra «monstruo» para definir a Alex es habitual en toda la película en boca de muchos personajes, incluso en él/la misma que es quizás quien más la repite.
Los prejuicios sociales respecto a las diferencias se ven enunciados muchas veces, una de ellas de modo muy violento cuando el pescador, refiriéndose indirectamente a Alex, dice: «hay demasiadas especies en extinción»; considera a Alex fuera de la especie humana por su diferencia.
Otro tema limítrofe en la sexualidad es la violación de Alex como algo legitimado por su femineidad y reforzado por su fenomeidad. Hay manifiesta en los jóvenes una estructura machista que permite forzar la sexualidad de la mujer por ser pasiva.
Este temor a la “monstruosidad” hace que no se atrevan a llevar a Alex a la clínica cuando la violan.
En toda la película los ejes de la sexualidad y la violencia se ligan a través de las acciones y el discurso.
«En la clínica es lo primero que te preguntan, es nena o nene» dice Suli a sus amigos. Y ahí se plantea el esquema organizador de la sociedad. Debe elegir entre dos opuestos, no hay puntos intermedios ni variantes.
Otro límite que se plantea en la película es el transgénero, ya que la decisión de convertirse en una u otra cosa conllevan en el personaje de la estación de servicio una serie de operaciones y tratamientos tratando de hacer que el cuerpo encaje con lo socialmente establecido.
El sema de la castración es constante en todo el film que recurrentemente enfoca cuchillos y elementos que son cortados en momentos en los cuales se habla de la posible operación de Alex.
Pero como dije al principio, el tema no es Alex, es la sexualidad en general y la definición de los géneros. En un diálogo espantoso de Álvaro con su padre, este último al enterarse del interés de su hijo en Alex le dice:
«me darías una alegría; tenía miedo de que fueras puto…»
Álvaro no tiene un problema genético, pero él tampoco encaja en los esquemas tradicionales de división de género y sabe que nunca tendrá la aceptación de su padre si no lo hace, aún a costa de su placer.
«El género puede también poner en duda la condición de “persona” de ciertos sujetos debido a sexualidades “incoherentes” con su género. El género ha sido históricamente empleado para regular y estabilizar las identidades.»
La preocupación dominante de los personajes se pone en manifiesto en una frase de Kraken que es repetida a lo largo del film con diversas variantes:
«Se va a enterar todo el mundo»
Lo que el Otro ve, lo que el otro juzga, es importante en cuanto a la constitución de la propia subjetividad. Encajar parece ser una necesidad dolorosa en la cual se debe optar incluso por la amputación de partes del yo.

En conclusión.
Toda la película problematiza las identidades sexuales en un esquema modélico heterosexual que deja muchas variantes fuera de las posibilidades. Sin embargo se permite una integración de todos los conceptos en una frase de Alex:
«¿Y si no hay nada que elegir?»
Los personajes están siendo forzados a elegir, encajar en uno u otro género y Alex plantea una legítima alternativa: «ser».
¿Por qué Alex puede permitirse esta expresión? Porque hay una habilitación en el discurso del padre tal que discurso de «ley», los adultos reglan y los jóvenes tratan de saberse en esas reglas, «es imposible separar el ‘género’ de las intersecciones políticas y culturales en las que constantemente se produce y se mantiene». Las intersecciones políticas y culturales en la película se expresan en los discursos de los padres; quizás esto es lo que le permite a Alex ser y obliga a Álvaro a elegir.

La posibilidad de escapar a los esquemas solo es posible en un enfrentamiento violento a través de la palabra y el cuerpo con lo estandarizado y en un Otro capaz de acompañarnos.



Bibliografía.
Bizzio, Sergio (2006) Cinismo, en Chicos. Editorial Interzona
Butler, Judith (2000) Cuerpos que importan. Sobre los límites materiales y discursivos del “sexo”. Traducción de Alicia Bixio Buenos Aires: Paidós.
Butler, Judith (2000) El género en disputa. El feminismo y la subversión de la identidad. Traducción de María Antonia Muñoz. Barcelona: Paidós.
Equipo Especialización (2016). Modulo Teoría y Crítica cultural. Clase 1. Crítica y cultura. Especialización en Enseñanza de Escritura y Literatura para la escuela secundaria. Ministerio de Educación y Deportes de la Nación.
Equipo Especialización (2016). Modulo Teoría y Crítica cultural. Clase 2. Crítica y cultura (continuación). Especialización en Enseñanza de Escritura y Literatura para la escuela secundaria. Ministerio de Educación y Deportes de la Nación.
Equipo Especialización (2016). Modulo Teoría y Crítica cultural. Clase 3. Identidad, cultura, subjetividad. Especialización en Enseñanza de Escritura y Literatura para la escuela secundaria. Ministerio de Educación y Deportes de la Nación.
Equipo Especialización (2016). Modulo Teoría y Crítica cultural. Clase 4. Identidad y género sexual. Especialización en Enseñanza de Escritura y Literatura para la escuela secundaria. Ministerio de Educación y Deportes de la Nación.
Equipo Especialización (2016). Modulo Teoría y Crítica cultural. Clase 5. Identidad y etnicidad en la cultura contemporánea. Especialización en Enseñanza de Escritura y Literatura para la escuela secundaria. Ministerio de Educación y Deportes de la Nación.
Equipo Especialización (2016). Modulo Teoría y Crítica cultural. Clase 6. Ciudad, provincia, región, mundo. Especialización en Enseñanza de Escritura y Literatura para la escuela secundaria. Ministerio de Educación y Deportes de la Nación.
Puenzo, Lucía. XXY. Buenos Aires: 2007 (film)

lunes, 17 de octubre de 2016

Este adiós que me entregas en tu beso...



No voy a llorar si te vas;
ni ensombrecer el rostro.
Tal vez, un poco triste una semana.
Quizá, ni siquiera, sólo eso.
No iré a golpear tu puerta
y al poco tiempo olvidaré tus piernas.
No creo en las potencialidades del
“si hubiera sido”;
pues no creo en el destino.
Estaba bien, y lamento no hayas entendido
que la vida son momentos discontinuos.
Quisiera saber de las verdades
de este adiós que me entregas en tu beso;
aunque no cambie realidades
ni legitime imposibilidades.
La vida es un pastiche de momentos
y no daré por tierra los vividos
como tampoco lamento los “no sidos”.
Eterno presente es la existencia;
La narración del necio, su delirio.
“Me anticipo al futuro”, tú me dices.
Yo te digo, “no te entiendo”, yo te digo.
Pero nadie se muere de amor
y los tiempos del capricho me son breves.
No hagas drama mi sol
de lugares donde el sino no te lleve.
Mi puerta siempre ha sido puerta abierta
a nostalgias y presentes del pasado;
algún día cruzaremos nuestros tiempos
(tan chiquitos, tan ocupados)
y brindaremos por un sueño
que no ha sido.


















lunes, 26 de septiembre de 2016

Canción de autoayuda


Es una obligación
ser feliz a pesar de las obligaciones.
Darse cuenta que la vida es una sola,
que el “yo debo”, cuando no es sincero,
sólo puede traer desconsuelo.
Es obligación
que te duela el dolor de los otros;
pero no cargar con eso.
Debería haber una jerarquía de llantos
para mandar a pasear a los que lloran por cualquier cosa.
Es casi un requisito de vida
saber que estamos solos
y valernos por nosotros mismos
antes y después de encontrarnos con otros.
Es necesario soñar
y seguir soñándonos por sobre la rutina;
pero indispensable es distinguir
entre los sueños propios
y los comprados en los bazares de la burguesía.
Es un compromiso reconocer con nuestros hijos
una deuda de vida,
pero solo con ellos.
Alejarnos cuanto antes de los generadores de deudas
económicas y afectivas.
Es un deber
no sentir rencor por los actos ajenos
pero tampoco perdonar las injusticias
ni ofrecer tantas mejillas.
Es indispensable querer lo que somos
aunque nos digan lo contrario
y ser conscientes  de nuestra capacidad
de cambiarnos cada día.
Debemos saber que no hay “un” camino
y que no es obligatorio seguir todos
por la misma senda de penas y vaquitas.
Sí, es necesario pensar
y ayudar a otros a que piensen;
reconocer entre lo propio y lo impuesto
y definir, cada día, el pasillo o galería
de la eterna geometría
de este laberinto llamado vida.








domingo, 4 de septiembre de 2016

La cultura está presa.

Breve mirada a la serie «Mujeres Presas (1991-1993)» de Adriana Lestido.
(Trabajo práctico realizado para el módulo "Teoría y crítica cultural" de la especialización en la Enseñanza de la Lengua y la Literatura ampliado luego por haberme encontrado con esta increíble serie fotográfica)

El contexto de producción.
El 27 de marzo de 1991 fue sancionada la «ley de convertibilidad». Menem en el gobierno y Cavallo en el poder, la derecha decide los destinos del país.
La derecha decide los destinos del país. Habíamos salido de una cruenta dictadura (la que se llevó al marido de Lestido) en el 83 y un vestigio de voces militantes se acallaron con: «La casa está en orden. ¡Felices Pascuas!»; luego, «obediencia debida» y el «punto final» terminaron de vaciar los discursos pasionales. Ya nada tenía sentido.
La televisión se vaciaba de contenido y se llenaba de «baratijas» y canales como «Utilísima» reflotaban un lugar arcano y sometido de la mujer. Se leía Fukuyama y se hablaba del «fin de las ideologías».
En ese contexto, Adriana Lestido hace visible lo invisible, lo que esa sociedad vacua se niega a ver, lo que el «establishment» artístico no permite o desprecia o ignora. Adriana Lestido se mete en la cárcel de mujeres y registra.
El discurso político se había callado y tuvo que tomar la posta el arte. Pero, contrario a lo que podría esperarse de un discurso artístico-político y por ende, «antihegemónico», este discurso no es binario sino superador.
Muchas veces en el afán de combatir el discurso hegemónico del capitalismo la izquierda emplea sus mismos signos pero en valor inverso, el cliché, el estereotipo vacío de vida. Si lo vemos en sentido dialéctico, el discurso de izquierda suele presentarse como la antítesis del de la derecha pero con sus mismos caracteres. En Lestido, por lo menos en esta serie y otras como «Hospital infanto juvenil (1986-1988)», «Madres adolescentes (1988-1989)» y «Madres e hijas (1995-1999)» hay una superación, una síntesis en términos hegelianos que como tal no va hacia el afuera sino hacia el adentro, lo que quedó sin contar, lo humano, lo que la sociedad desconoce de sí misma. Y lo humano no es binario ni maniqueísta, lo humano es complejo e inabarcable.

La lectura.
La serie completa que me parece bellísima artísticamente y dolorosísima socialmente. La serie se llama «mujeres presas» (1991-1993) y tiene muchas cosas interesantes para apreciar. Hay dos elementos recurrentes en las fotografías de Adriana Lestido: una es el juego de alto contraste entre luz y sombra; sombras que en realidad nunca son negras, sino grises (la imagen se ve nítidamente en ellas), no se esconde en la imagen, las sombras se muestran porque las sombras tienen el mismo peso (o más) que las luces. Otro elemento es la mirada, en algunas evasiva y en otras directa a la cámara, increpando al espectador, desafiando; las miradas que se evaden generan un espacio privado de intimidad invadido por el espectador, mientras que en las otras hay una inclusión del espectador en el espacio frente a otro que desafía su lugar.
Me detengo en la imagen 7. Una mujer recostada sobre la cama mirando a la cámara. Con el brazo derecho sostiene su cabeza y el izquierdo queda recostado sobre su talle.

Posters mal pegados y etiquetas de cigarrillo decoran una pared mal pintada. La cama desprolija de caño hueco… pero hay algo que me suena extraño en esa imagen, algo que contradice la imagen misma.
¿Qué es? La postura de la modelo. ¿Y por qué? Porque la postura de la modelo evoca el cliché de las mujeres sexis en el mundo del espectáculo, que a su vez evoca la belleza de la modelo en la pintura romántica y quizás las modelos del renacimiento.
Podríamos mencionar miles de ejemplos respecto a lo recurrente de esta postura lateral con la mirada hacia el pintor que luego va a recuperar el cine norteamericano y que siempre fue asociado a la belleza. En un estado limítrofe entra la indefensión y el desafío.
Pero en esta foto en particular, se emplea ese esquema estereotipado para plasmar una contradicción. Saca la modelo de la habitación tradicional, el sillón cómodo, el glamur o la ambientación boscosa sobre una cómoda hojarasca y la lleva a la cárcel, al encierro, rodeada de afiches por despegarse y un entorno de cultura popular.
Me parece interesante ese oxímoron provocado entre la postura (que identificamos como parte de la «alta cultura») y el ámbito en el cual aparece.
Por otro lado, en la imagen 8 vemos una presa, recostada en el piso con sus piernas levantadas y apoyadas sobre lo que parece ser una puerta.

La mirada se fuga sobre el margen izquierdo hacia otro que no es la cámara. Y todo entra en contradicción. Es imposible no reconocer en este escorzo la postura recurrente en las fotografías de las divas de Hollywood de mediados del siglo XX; pero por otro lado no nos podemos abstraer de la ausencia del sillón cómodo, de la ropa, de la humedad de la pared, del estado carcelario de la modelo.
Un ser invisible repitiendo la postura de los objetos más preciados de la industria cultural genera por sí solo una contradicción, un imposible; evidencia lo inaccesible para ciertos sujetos sociales los valores culturales que la sociedad promociona; pero, a la vez y sin embargo, está la repetición, está la mujer repitiendo un imposible como un «myse en abyme» que se deforma en cada reiteración, que pone en evidencia lo vacuo de la postura pero que a la vez la llena de contenido, de un contenido nuevo, de algo que no fue contado aún, de un ser invisible, de otro que la sociedad ignora por mujer, por presa, por pobreza.
Las fotos no siguen adelante, no cuentan más que eso y de esta manera evitan caer en el panfleto. Es responsabilidad del observador continuar una historia que se hace evidente.
Soccomanno, refiriéndose a esta serie, lo expresa con claridad: «Lo que no quita que las fotos de Lestido entreveren, tensándolas, las relaciones entre arte e ideología. Pero, (…) Hay una construcción de cada retrato como un cuento: ahí está el personaje, la expresión, el clima. Y a su vez, todos los relatos, constituyen una summa. (…) Mujeres sin hombres, las presas de Lestido (…) Son, en efecto, la parte de arriba de un iceberg narrativo. Un abrazo, un cuchillo, una estampita en una pared, pueden ser puertas hacia una historia que merecía ser contada como lo hacen estas imágenes. (…) Lestido estuvo ahí. Lestido se metió en un infierno. Y volvió con estas narraciones.»

Conclusión.
Lestido recurre sin miedo a la postura tradicional, al lugar común y lo resignifica; lo puebla de semas nuevos y atraviesa el discurso social. Pone en evidencia el vacío de los discursos hegemónicos cuando, como quien hace una metáfora, introduce un sema no esperado, una imagen precisa.
Contrario a lo que se podría pensar, no destruye el cliché, lo llena de vida. Emplea el discurso vacío del poder para poder decir lo que el discurso social esconde, saca a la modelo y pone en su lugar al invisible, al negado por la sociedad; lleva al margen del discurso y lo convierte en el tema de su foto. Y con esta estrategia reconocemos en lo conocido lo desconocido y a la vez un imposible.
Y sin discursear, sin golpes bajos, sin panfleto. Con la fuerza de una cámara y un ojo lleno de imágenes; figuras, como las llamaría Barthes y definiría: «La figura está circunscripta (como un signo) y es memorable como una imagen o un cuento. Una figura se funda si al menos alguien puede decir que efectivamente la reconoce.»
Pero si en esa figura un sema se fuga, o mejor dicho se desplaza y es sustituido por otro, por un sema negado, un sema al que se le niega ese lugar, el lugar cultural de esa figura; entonces esa figura se convierte en un «cross a la mandíbula».




Referencias.
Adorno, Theodor W. (1962) «Crítica de la cultura y sociedad» en Prismas. Barcelona: Ariel, trad. de Manuel Sacristán, pp. 1-14.
Barthes, Roland (1993) «Fragmentos del discurso amoroso»; editorial Siglo XXI undécima edición. Traducción de Eduardo Molina, pp. 13-18.
Equipo Especialización (2016). Modulo Teoría y Crítica cultural. Clase 1. Crítica y cultura. Especialización en Enseñanza de Escritura y Literatura para la escuela secundaria. Ministerio de Educación y Deportes de la Nación.
Equipo Especialización (2016). Modulo Teoría y Crítica cultural. Clase 2. Crítica y cultura (continuación). Especialización en Enseñanza de Escritura y Literatura para la escuela secundaria. Ministerio de Educación y Deportes de la Nación.
Richard, Nelly (1991); «El signo heterodoxo»; Revista: Nueva Sociedad Nro. 116 noviembre- diciembre 1991, PP. 102-111.
Richard, Nelly (2000) «Destrucción, reconstrucción, deconstrucción» en La insubordinación de los signos. Santiago, Chile, Cuarto Propio, pp. 56-68.
Saccomanno, Guillermo (2008); Mujeres sin hombres: Las presas de Adriana Lestido; Prólogo 2da. Edición Mujeres Presas. Colección Fotógrafos Argentinos 2008 Accesible en: http://www.adrianalestido.com.ar/es/texto_mujeres_presas_saccomanno.php?desde=textos.





jueves, 25 de agosto de 2016

Chau Cacho



Mirar, ver,
tu mirada, mi mirada, la de mis hijos.
Verme ahí, en la redondez de tus ojos,
en mi mal tino
de no ser como hubieras querido;
y saberme amado
a pesar de todo lo mío.

Extrañarte “Ab æternō”.
Extrañarte y saberte ya muerto
y vivo en todo lo vivido;
en mis ojos,
en los ojos de mis hermanos
en los ojos de mis hijos
en los de mis sobrinos.

Sentir en medio de un sueño
tu mano fría sobre mi frente
para saber si estaba vivo.
Y apoyar mi mano tibia
en ese impostor que finge tu muerte.

“No vayas a verlo, que no está ahí”,
me dice mi hermana.

Porque no es ese señor,
el que estaba ahí acostado;
ese no es mi padre.
El que encerraron entre seis paredes blancas,
ese no es mi padre.

Destino de Cronos deglutir sus propios hijos;
destino del hombre generar mil infinitos.
Prolongar la eternidad en la mirada,
en la herencia de un carácter,
de algún gesto.
Haberme creído preparado
fue haberme mentido.

“¿Tan poco tiempo lo velan?”
Me pregunta quien no le interesa.
“Dos meses es una pequeña eternidad”,
quiero responderle
pero me calló, no vale la pena.
La pena es propia
y no pienso regalársela a nadie.

Mirar, ver,
amarte no por sangre,
por presencia
por saberte siempre ahí
por haber tenido tiempo
con tus dos trabajos
para charlar conmigo.

Haber tenido suerte.
Te he tenido, te tengo aún conmigo.
Con tu humilde sapiencia,
sos el tipo más culto que he conocido
y secundaria de adulto
con trabajos y con hijos
mejor promedio fuiste.
Por tu culpa, la educación y la lectura
siempre me han seguido.

He aprendido historia, literatura,
de sólo oírte.
Y nunca te negaste a seguir aprendiendo
de lo que cada uno de tus hijos te traía:
pintura, ingeniería, psicología,
ballet, teatro, literatura,
periodismo, artesanías.
Y eso ha marcado a fuego
la relación con mis hijos,
gracias a vos me he permitido
aprender tanto de ellos.

Abuelo inagotable
de paciencia infinita
y sucesivos viajes.

Anfitrión de mesas enormes
de millar de parientes
de camping de amigos
regados de vino, autos que no arrancan,
y sopas sólidas.

Eterna calma hasta lo inaudito
en una casa en la que todos gritábamos.
No recuerdo haberte oído un insulto.

Nada se tira, todo en algún momento sirve.
Si habré juntado cachivaches siguiendo tus preceptos.
Y citas apócrifas y aleccionadoras:
“vísteme lento que estoy apurado”
le dijo Napoleón a su valet;
y vos a mí mil veces.

Te creí, luego te peleé,
y lo que soy, soy por ti.

Sopa de recuerdo, tras del llanto.
La efímera existencia de los muertos

Es eterna en la existencia de los vivos.










miércoles, 24 de agosto de 2016

El sino pedagógico.


Charlo con colegas, buenos colegas, sobre los alumnos «interesados», sobre las «buenas» y «malas» prácticas, sobre las injusticias sociales. Escucho, escucho atentamente las propuestas «nuevas» que me parecen tan «viejas». Traslucen sus enunciados conceptos superficiales de los libros de «autoayuda»; traslucen sus enunciados una ideología quietista, utilitarista, conformista. Sus enunciados tienen el tono de la rebeldía, pero sólo el tono, porque el contenido es otro.
– Debemos enseñar lo que es del interés de los alumnos –afirman convencidos.
El interés del alumno no es un principio sino un fin. Eso es lo que pienso y eso es lo que no me comprenden cuando hablo.

Trataré de explicarme.

El problema de muchas pedagogías contemporáneas «bien intencionadas» aunque sujetas a un modelo político y económico no tan bien intencionado, es que piensan que el interés del alumno es el inicio de la práctica pedagógica, enseñar lo que el alumno quiere aprender.
Eso, sin dudas es un «sinsentido» que restringe las potencialidades del alumno a lo que ya conoce, a mantenerse en su grupo social, a evitar que los sujetos sociales crucen las fronteras socioeconómicas.
Una verdadera práctica pedagógica libertaria no debe pensar en el interés del alumno como principio sino como fin; el objetivo no es mantener sus intereses sino que generar nuevos, ampliar su mundo, sin desmerecer el de ellos, a otros entornos sociales, permitirle  elegir entre una mayor variedad.
Si en el inicio de la práctica pedagógica hay resistencia o desinterés, no debe entenderse por eso que es una mala práctica. Todos los sujetos nos resistimos a lo nuevo porque genera desconfianza e inseguridad.
Conformarnos con lo que el alumno trae no sólo es de mediocres sino que es peligroso para el sujeto de aprendizaje y para la sociedad toda.
Es comprensible que hayan surgido esas posturas frente a una educación anterior que partía de la anulación cultural de los alumnos para establecer sobre esa «tabla rasa» nuevos y «más valiosos» aprendizajes. Partían de un concepto de «progreso» positivista que preveía un solo camino.
El capitalismo comprendió entonces que la exclusión generaba una masa peligrosa de sujetos no adaptados al sistema y entonces generó una serie de pedagogías del «interés» en las cuales cada sujeto queda recluido a su entorno y sus funcionalidades son aprovechadas por el sistema.
Dejar al sujeto en el mismo lugar en el cual el mercado cultural ha determinado que debe estar, la preocupación de las pedagogías del interés es que el sujeto sea feliz con lo que la sociedad le ha dicho que debe ser. Inhabilitar su capacidad de reclamo frente a claras injusticias sociales.
La pedagogía libertaria debe ampliar los horizontes de los alumnos, generar nuevos intereses, habilitar su palabra en otros entornos, sacarlos de su cerco discursivo para que comprenda las injusticias de un sistema y trate de cambiar la realidad.
Las pedagogías del interés, ampliadas por la biblioteca de autoayuda son mecanismos que tratan de que el sujeto se conforme con su lugar asignado, al sistema capitalista no le gusta la movilidad social. Parten de un axioma horrible, «la realidad es y no puede ser modificada».
La pedagogía en la que creo propone una realidad que puede ser transformada por los sujetos pero claro, el cambio nunca es tranquilo ni se hace sentado en la casa publicando frases de Tagore sino pensando, actuando, luchando, hablando, aprendiendo. El alumno debe saber que es un actor de esa sociedad y es su responsabilidad aceptarla o cambiarla. Es deber de la educación habilitarlo como sujeto de derecho. Eso no se logra desde la comodidad de lo conocido sino desde la incomodidad de lo por conocer.
Esta postura no implica desvalorar y desvalorizar la cultura que trae el alumno sino ampliar su horizonte a otras culturas… pero claro, eso es peligroso para los sectores dominantes. La cultura del alumno es un punto de partida pero no el de llegada; si en principio parece no interesarle, no debe ser algo que nos preocupe sino algo que nos motive a seguir intentándolo.



El interés del alumno no es un principio sino un fin.

jueves, 4 de agosto de 2016

Lenguas de doble filo


Si supieras lo que de ti dicen
esas gentes que tú dices
que hablan mal de mí
no vendrías tan irónica y contenta
a regodearte en sus miserias;
pero a mí no me importa lo que digan
gentes que no tienen propia vida
y a vos, sí.
Sea quizás ahí

la más importante diferencia.