El comunicador de masas que acaba de abrojar sus últimas zapatillas de última moda comenta:
«y él mismo lo dice, que no lo hacía por necesidad... qué caso no, por el consumismo, todo por querer las zapatillas de última moda»
Habla de un criminal de una villa en donde los criminales son más criminales. Y piensa en su derecho a tenerlas y piensa en lo idiota del otro que piensa que tiene el mismo derecho que él.
Con el tiempo las sentencias confirman su carácter prescriptivo de afiche. Un intento por una literatura breve, de efecto fraserológica y efímera
miércoles, 22 de julio de 2015
viernes, 17 de julio de 2015
Un texto para no leer
Rodolfo
Walsh leía La Nación y encontraba en el diario, entrecruzando informaciones,
datos e indicios de operaciones que el Estado no quería que nadie se enterara.
Y este escritor las hallaba allí, en la misma voz del oficialismo.
La prensa
encargada de generar hegemonía era a la vez la que permitía, sin saberlo,
resquebrajar esa voz hegemónica del Estado.
Sin
dudas, saber leer no es saber comprender.
Me
permito releer a Gramsci y tal vez distorsionar sus ideas (o quizá no) cuando
digo que la hegemonía es la dirección de un discurso estructurador de sentido
que se impone por una maquinaria de poder superior a la de los Estados. No me
separo de este gran teórico italiano cuando digo que todo lo que hacemos (e
incluso pensamos) es política en el sentido de acción que interpreta el mundo
con un sentido y un orden.
Que hoy
escriba es un acto político. Que lo haga en este medio, también. Pero también
lo es que lo leas y que lo pienses (o no).
El tiempo
nos ha enseñado que la realidad es algo mucho más complejo de lo que pensábamos
cuando éramos niños; afrontar esa complejidad es el desafío del hombre libre.
Tratar de resquebrajar el discurso hegemónico con el que te guían hacia donde
quiere que vayas alguien sin rostro ni idioma.
¿Qué
implica la hegemonía (este orden, esta dirección)?
Ordena el
cómo interpretamos la realidad; qué pensamos cuando decimos varón o mujer;
cuando hacemos arte, cuando decimos que alguien está loco, que es un desubicado
o, simplemente, cuando relacionamos una causa con una consecuencia.
¿Y dónde
se percibe esto?
En el
discurso, en la forma en que referimos a lo Otro y a los otros; no solo en los
epítetos que adjudicamos como inherentes, sino también en los sustantivos que
elegimos para referir. Las palabras tienen una historia de significancias que
contaminan el objeto, lo minan de connotaciones, lo cargan de sentido, lo
ubican en una jerarquía.
Ranciere define la
democracia como «una interrupción singular de ese orden de distribución de los
cuerpos en comunidad (…). Es el nombre de lo que viene a interrumpir el buen
funcionamiento de ese orden a través de un dispositivo singular de
subjetivación»[i]
Lo leo, leo solo una
frase y comprendo que mi espíritu es democrático. Creo, entonces, que hay (siempre
hubo) solo dos sistemas políticos: uno que propone la aceptación del orden y la
sumisión de los sujetos a ese orden, no me importa si lo llaman monarquía o
liberalismo, y otra que propone la no aceptación natural de ese orden, guardar
en el individuo el permiso de decidir incluso la posibilidad de aceptar ese
orden.
Pero el problema no
radica en los sujetos sino en el tejido de discursos que las superestructuras
emplean para sostener el orden.
Este Orden del
discurso se sostenía antiguamente mediante las instituciones religiosas,
educativas (el peronismo también identificó esta capacidad en las instituciones
deportivas y sociales) y de salud: decir que el Otro era un salvaje, no era un
cristiano, era un ignorante o un insano, en definitiva «un Bárbaro» era signo
para desacreditar cualquier intervención de ese Otro por válida que esta fuera;
pero hoy por hoy el principal constructor de discursividad (si no el único ya
que el resto parece haberse convertido en meros reproductores) es la
institución mediática.
La alteridad está
fuera de los medios, la alteridad somos nosotros.
Entonces, cuando
instituciones que luchan contra determinadas desigualdades manifiestas
principalmente en el plano discursivo, luego de un avance progresivo y lento
sobre otras instituciones instaurando un nuevo discurso hegemónico (de la
violencia, la mujer, los homosexuales, las capacidades diferentes) no se
atreven a enfrentar programas televisivos de mucho rating que sostiene un
atraso de décadas; nos damos cuenta de dónde surge el discurso patrón.
La
escuela queda prácticamente sola luchando contra un discurso hegemónico y
tratando de no caer en otro discurso hegemónico; que siempre es el riesgo,
cuando se cree que enseñar a pensar es una batalla perdida se trata de direccionar
esa cabeza hacía una hegemonía más igualitaria y equitativa, más consciente del
Otro.
Y es ahí
cuando uno se da cuenta de que ha perdido.
Últimamente
uno de los mayores constructores de hegemonía en argentina salió con una
publicidad que rescata el simpático debate de Eco sobre Apocalípticos e
Integrados: «¿por
qué seguiste comprando dólares si te contamos que ya no se podía?» y toda una secuencia de preguntas retóricas
que confirman el hecho de que uno hace lo que quiere aun a pesar de lo que dice
el diario. Simpático también ver el tinte de los ejemplos seleccionados, por
ejemplo el de pensar que la mayor decepción de la humanidad es el atentado a la
torres gemelas y no la dictadura (y luego uno piensa que puede ser porque lo de
la dictadura ellos no te lo contaron).
Y termina
con una frase magistralmente falaz: «porque el diario no hace lo que quiere con
vos; vos hacés lo que querés con el
diario».
Plantear
esa respuesta como conclusión a todas las clausulas condicionales anteriores es
retroceder un siglo en el conocimiento adquirido sobre comunicación. Es una falacia
tan fácilmente refutable y tantas veces refutada que me asombra que este medio
subestime tanto a sus lectores-espectadores. Es desconocer toda la escuela de
Frankfurt o conceptos como los de agenda setting…
Entonces
pienso «¿Qué ha pasado en la era de la información?»
Es
posible, como plantean alguno teóricos como Baudrillard, que se ha sobresaturado
de información el canal y entonces el lector (para llamar al receptor de alguna
manera) frente a un caudal tan grande de textos (para referirnos a los mensajes
en general) sólo pueda desplazarse en la superficialidad de los mismos.
Entonces,
¿cómo algunos –muchos— somos capaces de entrar en la profundidad de ellos?
Nadie es
más consciente de todos los textos que no se puede llegar a leer que una
persona a la que le gusta leer.
Seguimos
pensando porque es un desafío, porque algunos entendimos que el superhombre
estaba allí en no delegarle a nadie la capacidad de crear mundo, en constituir
el cosmos. El Hombre es dios porque no acepta el orden (ni las órdenes), lo
construye; a sabiendas de lo arbitrario y efímero pero a la vez de lo necesario
de ese orden.
Por
ejemplo, cuando un espectador critica un programa que se emite en televisión
generalmente lo hace porque cree que en él no se respeta el orden de la realidad
que cree verdadero.
Toda
sociedad necesita un orden, lejos estamos de la ingenuidad de Rousseau; pero
ese Orden debe ser consensuado socialmente.
La
pregunta del millón: ¿Cómo lograr un consenso que no esté contaminado de esas
imposiciones discursivo-mediáticas?
Y ¿qué es
esto?, ¿para qué tanto texto que nadie leerá? Porque es Internet, porque es un
Blog, porque hay características de formato que garantizan que esto no será
leído si no en la superficialidad del texto, el título, los primeros párrafos.
¿Para
qué? entonces. ¿Para qué algo infecto de palabras teóricas molestas, de
intertextualidades intrincadas?
¿Qué
sentido tiene?
Es un
simple ejercicio. El ejercicio de pensar y pensarme… Y también un pedido de
auxilio, saber que hay alguien en otro lado, que comprende.
Quizás
no.
martes, 30 de junio de 2015
A onamartnoc
Yo creo que
nací a contramano
cuando mi
única preocupación era la política
cuando mi
único interés era seducir mujeres
no
enganchaba ni la manija de la puerta
cuando pude
participar en política
vinieron los
noventa
cuando pude
despreocuparme por el amor
me intereso
el arte que se me negaba
cuando quise
ser acróbata
me di cuenta
de que era de madera
cuando quise
ser formal
tuve un hijo
y me dediqué a vender artesanías
cuando tuve
todas las libertades de la pos adolescencia
tuve un hijo
y asumí todas las alegrías de la pre adultos
cuando encontré
ese arte que tanto había buscado
hacía
publicidades y era mascota de un equipo de básquet
cuando
descubrí mi vocación ya era grande y viejo
y había
fracasado en todos mis test vocacionales
cuando
comprendí la lógica del mundo del trabajo
ya tenía un
trabajo fijo
cuando no me
preocupaba la gordura ni el aspecto
no engordaba
ni a palos y… bueno siempre he sido feo
cuando
buscaba reconocimientos
la gente no
entendía lo que yo estaba haciendo
repudié los
lugares a los que he vuelto
y cuando he
estado cómodo me he mudado
cuando la
gente comienza a reconocerme
yo cambio de
trabajo
cuando pude
estar tranquilo y establecido
he tenido
hijos y he crecido y he montón de cosas
cuando me
doy cuenta de algo
ya es tarde
cuando era
ateo
nos
encontrábamos con Dios
y peleábamos
todas las noches
cuando era
creyente
sentía que
dios me había abandonado
cuando
comencé a darme cuenta de mi imagen
ya era gordo,
viejo y lupiento
cuando todo
el mundo vive pendiente de éxitos y logros
he aprendido
que otras cosas son mucho más importantes
cuando sé
que podría conseguir ciertos logros
no los
quiero
Yo creo que
nací a contramano
Yo creo
Aunque seguramente
eso tampoco sea cierto
lunes, 15 de junio de 2015
El regalo de cumpleaños
Hoy es el cumpleaños… me di cuenta tarde, como siempre. Qué buena idea
la del face de avisarte este tipo de cosas.
¿Dónde? ¿Qué?
Voy al polirubro, local que tiene de todo porque no tiene nada. Ideal
para comprar eso, una Nada, un ausente de cumpleaños.
Busco: una peineta, la cadena de un reloj, tazas, ceniceros, chocolates, flores nunca vivas, ojotas, remera…
Remera está bien. Me llevo la única que es de su talle. El talle lo sé porque
alguna vez supe su talle y porque sé sumar los mismos porcentajes que mis años.
En casa trato de encontrar una envoltura mejor, algo que no ponga tan
en evidencia la economía y la urgencia de mi obsequio. Lo encuentro.
Me pongo a envolver la remera y entonces me doy cuenta… ¿Cómo no se me
ocurrió leerla antes? Cierro los ojos y continúo mi tarea confiando en que ella
siempre fue linda… y que nunca superó la comprensión más elemental del inglés.
* * *
—Hola.
—Hola.
—¡Feliz cumpleaños!
—¡Ah, te acordaste!¡Qué tierno!¡Justo de
mi talle!¿Qué dice?
No sé inventar de la nada, siempre necesito tomar fragmentos de la
realidad y sobre ellos construir la ficción… este caso no es la excepción
—Hijo de… la
playa
Ella, bella, quedó satisfecha.
sábado, 13 de junio de 2015
Día del escritor en Argentina
Hoy, en argentina, es el día del escritor y como parece que en Internet se ha puesto de moda hacer listas de recomendaciones me dije:
"¿Por qué no hacer una lista de los libros argentinos que opino imperdibles, imprescindibles, necesarios?"
- ¿Hay otros?
- Por supuesto, hay otros, muchos, muy buenos; esta es solo una lista de libros argentinos a los que he vuelto una y otra vez sin saber por qué (o sí) y que de alguna manera definen una forma de entenderme como argentino.

1. El juguete rabioso; Roberto Arlt
Lo leí de muy joven y cambió mi forma de entender la literatura.

2. Operación Masacre; Rodolfo Walsh
La literatura como compromiso.

3. The Buenos Aires Affair; Manuel Puig
Todo Puig es genial, pero esta novela te deja sin palabras

4. El Aleph; Jorge Luis Borges
En la literatura mundial hay un antes y un después de Borges y en la literatura de Borges hay un antes y un después del Aleph.

5. Adam Buenosayres; Leopoldo Marechal
Sin palabras. Cada tanto retomo por capricho alguna de sus hojas como quien camina perdido y me pregunto cómo pudieron ser tan ciegos en su época de no darse cuenta de tamaño escritor que tenían.

6. No habrá mas penas ni olvidos; Osvaldo Soriano
Una novela, que junto con "cuarteles de invierno, nos permiten sentir una época que algunos de nosotros sólo conocimos por tendenciosos libros de historia.

7. 62 Modelo para armar; Julio Cortázar
Después de Cortázar, después de esta novela, no hay experimento estético que pueda ser verdaderamente nuevo.

8. Los Pichiciegos; Rodolfo Fogwill
Hay veces en que la ficción puede llegar mucho más lejos que la realidad

9. Cicatrices; Juan José Saer
Una y cuatro, novela genial que llega a lo profundo del ser.

10. Zama; Antonio Di Benedetto
Quienes dicen que el existencialismo literario argentino se encuentra representado en Sábato es porque no han leído esta obra.

11. El Fiord; Osvaldo Lamborghini
Es la alegoría más violenta y salvaje que he leído en mi vida.

12. Santa Evita; Tomas Eloy Martinez
T.E. Martínez en esta obra nos muestra cómo se puede destruir un mito y generar desde los hechos más simples uno más poderoso.

13. Respiración Artificial; Ricado Piglia
Lo mejor de Piglia. Es una novela y una metanovela. Lenta, sí, pero brillante.

14. En vida; Haroldo Conti
Un fausto reflexivo que nos hace pensar. Todavía no sé en qué.

15. La cruz invertida; Marcos Aguinis
La única obra de Marcos Aguinis que realmente me ha gustado, un retrato increíble de la clase media y la burguesía argentina con muy pocos maniqueísmos aunque mucho cliche bien usado.

16. Sin rumbo; Eugenio Cambaceres
Sin rumbo la historia del personaje y sin rumbo la novela, parece escrita de un tirón, sanguínea, desprolija, emocionalmente sensiblera y sin embargo hay algo en ella que me lleva una y otra vez a leerla.
Originalmente iban a ser 10 pero a medida que anotaba iban surgiendo otros, dejemos en 16 que es un buen número porque de los 16 acá anotados no hay una sola página que sobre y manifiesta, a la vez, el eclecticismo en el que fui formado.
El orden no es ni caprichoso ni gratuito.
"¿Por qué no hacer una lista de los libros argentinos que opino imperdibles, imprescindibles, necesarios?"
- ¿Hay otros?
- Por supuesto, hay otros, muchos, muy buenos; esta es solo una lista de libros argentinos a los que he vuelto una y otra vez sin saber por qué (o sí) y que de alguna manera definen una forma de entenderme como argentino.

1. El juguete rabioso; Roberto Arlt
Lo leí de muy joven y cambió mi forma de entender la literatura.

2. Operación Masacre; Rodolfo Walsh
La literatura como compromiso.

3. The Buenos Aires Affair; Manuel Puig
Todo Puig es genial, pero esta novela te deja sin palabras

4. El Aleph; Jorge Luis Borges
En la literatura mundial hay un antes y un después de Borges y en la literatura de Borges hay un antes y un después del Aleph.

5. Adam Buenosayres; Leopoldo Marechal
Sin palabras. Cada tanto retomo por capricho alguna de sus hojas como quien camina perdido y me pregunto cómo pudieron ser tan ciegos en su época de no darse cuenta de tamaño escritor que tenían.

6. No habrá mas penas ni olvidos; Osvaldo Soriano
Una novela, que junto con "cuarteles de invierno, nos permiten sentir una época que algunos de nosotros sólo conocimos por tendenciosos libros de historia.

7. 62 Modelo para armar; Julio Cortázar
Después de Cortázar, después de esta novela, no hay experimento estético que pueda ser verdaderamente nuevo.

8. Los Pichiciegos; Rodolfo Fogwill
Hay veces en que la ficción puede llegar mucho más lejos que la realidad

9. Cicatrices; Juan José Saer
Una y cuatro, novela genial que llega a lo profundo del ser.

10. Zama; Antonio Di Benedetto
Quienes dicen que el existencialismo literario argentino se encuentra representado en Sábato es porque no han leído esta obra.

11. El Fiord; Osvaldo Lamborghini
Es la alegoría más violenta y salvaje que he leído en mi vida.

12. Santa Evita; Tomas Eloy Martinez
T.E. Martínez en esta obra nos muestra cómo se puede destruir un mito y generar desde los hechos más simples uno más poderoso.

13. Respiración Artificial; Ricado Piglia
Lo mejor de Piglia. Es una novela y una metanovela. Lenta, sí, pero brillante.

14. En vida; Haroldo Conti
Un fausto reflexivo que nos hace pensar. Todavía no sé en qué.

15. La cruz invertida; Marcos Aguinis
La única obra de Marcos Aguinis que realmente me ha gustado, un retrato increíble de la clase media y la burguesía argentina con muy pocos maniqueísmos aunque mucho cliche bien usado.

16. Sin rumbo; Eugenio Cambaceres
Sin rumbo la historia del personaje y sin rumbo la novela, parece escrita de un tirón, sanguínea, desprolija, emocionalmente sensiblera y sin embargo hay algo en ella que me lleva una y otra vez a leerla.
Originalmente iban a ser 10 pero a medida que anotaba iban surgiendo otros, dejemos en 16 que es un buen número porque de los 16 acá anotados no hay una sola página que sobre y manifiesta, a la vez, el eclecticismo en el que fui formado.
El orden no es ni caprichoso ni gratuito.
domingo, 7 de junio de 2015
Día del periodista
Cuando era chico, entre los adultos circulaba un chiste, un chiste que yo muy bien no comprendía. El chiste decía así:"Un joven periodista desempleado va a buscar trabajo a un gran medio de comunicación. Le hacen una entrevista personal y en la misma le piden que escriba una columna sobre Dios.
El periodista está a punto de escribir cuando se detiene, levanta la cabeza y pregunta
- ¿A favor o en contra?"
Ahí se terminaba el chiste explícito, lo que se contaba. Los oyentes suponían que el periodista había conseguido el empleo por su habilidad o viveza, todos daban por sobre entendido que los medios manipulaban la información y que el "¿a favor o en contra?" dependía de decisiones editoriales y no periodísticas.
Ese chiste lo oí cuando era chico, a finales de los 70, en plena dictadura militar y luego de que habían perseguido y asesinado a Rodolfo Walsh.
Los tiempos van cambiando y cosas que parecía teníamos tan claras se nos van desdibujando.
¡Feliz día a aquellos periodistas que comienzan a escribir la columna sin preguntar: "¿A favor o en contra?" a su dueño de turno.
miércoles, 3 de junio de 2015
Escena escolar
Estamos hablando con los alumnos sobre la educación y uno me mira y me pregunta.

- Profe, ¿para qué sirve lo que nos enseña?
Me intriga saber a qué se refiere con "lo que nos enseña" y planteo mi duda.
- ¿Qué cosa?
- La literatura, los libros que nos hace leer.
No necesito pensar, hace mucho tiempo que sé la respuesta y es una respuesta que le da sentido a toda práctica
- Para nada.
Como veo los ojos atónitos de la alumna me siento en la obligación de agregar.
- Porque en el pragmatismo de empleado eficiente de estos días, es necesario hacer y saber cosas que no sirven para nada; son los pocos espacios de libertad que nos da la vida moderna.
Miro a la joven y comprendo que no ha entendido pero también sé que mi explicación tampoco tenía ese objetivo, hay cosas que uno necesita que llegue después para comprender.
- Para pensar, para atreverse a pensar de una manera distinta de lo que te dicen que es normal.
Agrego para que se quede en otro ejercicio inútil pero valiosísimo, el de pensar, el de tratar de darle sentido a lo que no lo tiene.

- Profe, ¿para qué sirve lo que nos enseña?
Me intriga saber a qué se refiere con "lo que nos enseña" y planteo mi duda.
- ¿Qué cosa?
- La literatura, los libros que nos hace leer.
No necesito pensar, hace mucho tiempo que sé la respuesta y es una respuesta que le da sentido a toda práctica
- Para nada.
Como veo los ojos atónitos de la alumna me siento en la obligación de agregar.
- Porque en el pragmatismo de empleado eficiente de estos días, es necesario hacer y saber cosas que no sirven para nada; son los pocos espacios de libertad que nos da la vida moderna.
Miro a la joven y comprendo que no ha entendido pero también sé que mi explicación tampoco tenía ese objetivo, hay cosas que uno necesita que llegue después para comprender.
- Para pensar, para atreverse a pensar de una manera distinta de lo que te dicen que es normal.
Agrego para que se quede en otro ejercicio inútil pero valiosísimo, el de pensar, el de tratar de darle sentido a lo que no lo tiene.
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