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lunes, 23 de marzo de 2015

Un encuentro (Diálogos Plutónicos)

Ella viene, porque es su acto irremediable, el venir siempre hacia mí. Se para y sonríe avisando su próximo intento de sorna o ironía, a mí me gusta que lo intente.
—¿Otra vez te «encuentro» viendo ese divertidísimo canal?
—Estoy tratando de aprovecharlo, porque cuando gane tu amigo me imagino que la programación va a cambiar muchísimo.
—¿Qué amigo?
—Ese que piensa que Tinelli o Tan Biónica o Violeta son cultura porque los consume mucha gente.
—Ah, claro. Para vos la cultura debe ser algo que sólo vos y tu grupito elegido de amiguitos intelectuales entienda.
—Puede ser que sea un burgués intelectualoso con miedo al populacho… o puede ser que no confunda el arte con los productos de fabricación masiva… puede ser tantas cosas que por las dudas voy a seguir viendo. ¿sabés por qué?
Ella me mira como esperando mi respuesta.
—Porque el Mercado siempre se ha encargado de vender sus productos y a mí me gusta un Estado que se encargue de hacerme llegar esos otros productos que el mercado deshecha, porque son muy riesgosos, peligrosos, que plantean algo que aún no fue planteado, que me exigen un poco más, que me obligan a pensar. Para lo que se vende y tira hay muchos canales, para lo otro hay pocos. Sin ayuda, esos productos distintos están resignados a lo poco que permite el Mercado que se filtre: al músico lo usan de cortina en una telenovela, al escritor lo convierten en película, etc.
Sonríe, en las diferencias no puedo ni ella puede llevarnos mal.
—¿Qué estás viendo?
—Un documental sobre el Carpo…— la miro y aclaro— Pappo.
—Ese de “nadie se atreva a tocar a mi vieja”
La observo resignado

—Sí…—respondo mientras pienso «no sé por qué, imaginé…»

jueves, 19 de febrero de 2015

Charla y mates (Diálogos plutónicos 10)

Sentados, tomando mate. Ella, bella, siempre. Hablamos de los tiempos actuales que es un tema intrascendente y cliché casi tanto como el clima. 
Ella, segura, convencida, dice.
—Es una tontería. Antes nadie se cuidaba de la salud, de la comida, de todas las cosas que ahora hay que cuidarse y se vivía feliz sin problemas.
—Antes ¿cuándo?— pregunto curioso.
—Unas tres o cuatro décadas atrás.— contesta segura de lo que dice.
—Hace cuatro décadas atrás el promedio de vida era de 60 años.— aporto.
Ella calla.
*    *    *

Comenzamos a hablar del clima.

viernes, 30 de enero de 2015

Lo efímero (Diálogos plutónicos 09)

Estamos sentados tomando una cerveza en la tranquila oscuridad de la noche. La miro, no hablo, cuando algo me gusta no hablo; es un hábito de lector esta actitud de seguir leyendo lo que nos interesa sin hacer comentarios. Es costumbre de los televidentes hacer comentarios mientras miran algo que les gusta.
Estamos sentados. Yo la miro y ella habla... no tengo ni la más remota idea de qué está diciendo pero un enunciado suyo me obliga a salir de ese cómodo silencio.
-¿Y vos?
- ...
-No me estabas oyendo.
-No
-¿Por qué?
-Porque estaba mirándote.
-¿Te gusta mirarme?
-Sí.
-¿Te parezco linda?
-Bella.
-¿Qué preferís, leer un libro o estar conmigo?
-Estar con vos.
Sonríe envanecida pero yo siempre hablo de más y lo echo todo a perder.
-El placer es casi el mismo, pero de acá a diez años el libro va a seguir siendo igual de bello.
No tuve tiempo de explicarle nada, se fue dejándome con la cuenta por pagar.

Estoy sentado tomando una cerveza en la tranquila oscuridad de la noche. Solo.

miércoles, 28 de enero de 2015

Leo a Borges (Diálogos plutónicos 08)

Se aproxima, bella y sonriente, con esas sonrisas de quien tiene algo que contar. "Quién pudiera leer tanta belleza", pienso mientras la veo venir.
-Por fin encontré algo de tu querido Borges que me gustó.- declara contenta consigo.
-"Instantes" no es de Borges.- enuncio sin pensar siquiera lo que digo.
-Cómo que no, si yo... ¿vos cómo sabés que era ese poema?
-Algunos prejuicios tienen la validez de un juicio, aunque debo evitarlos.
-Y vos qué sabés si es o no de Borges ¿vos leíste todo lo que escribió?
Pienso en la infinidad de entrevistas, textos póstumos y etcéteras con los que la señora Kodama solventa el pasar de sus días como una Yoko Ono argentina y respondo.
-No, seguramente no. Pero de ese texto, además de no corresponderse con el estilo y la temática del ciego, se habló mucho.
-A sí...- expresa con sorna -seguro que vos sabés más que Internet.
-No, no sé más. Sólo soy menos mentiroso.
-A mí no me importa. A mí me gusta y listo.
-No me molesta que te gusta, está todo bien... Pero no es de Borges.
-Entonces sigue sin gustarme Borges.
-Entonces seguís sin haber leído Borges.
-Entonces, andá a cagar.- y dicho eso se marchó.

Se fue, bella y enojada, con ese rictus de quien no quiere ya hablar conmigo. "Quién pudiera leer tanta belleza", pienso mientras la veo irse.

lunes, 26 de enero de 2015

Leer mejor (Diálogo plutónico 07)

Ella Bella forever bella se acerca con intención de hablar. Me mira a los ojos desafiante. Me agradan sus ojos.
–Yo leo mucho ¿sabés?– dice en forma de sentencia.
–Qué bien.– comento en tono que deseo suene aprobatorio porque sé que es lo que ella espera oír.
–¿Vos lees mucho?– me pregunta esperando una confirmación afirmativa. Yo pienso en la cantidad de libros que deseo leer y aun no leí, pienso en la cantidad aún no escritos que desearé leer y tímidamente respondo.
–No, leo bastante poco en realidad.
–¡Qué pena!– aporta en un tono entre reprobatorio y maternal y agrega –¡Es tan lindo leer!
Yo confirmo su juicio asintiendo con la cabeza, no quiero aportar nada por temor a que se enoje y se vaya.
–La última novela que leí, en realidad eran una serie de novelas, trataban de un vampiro muy lindo que se enamoraba de una humana y ellos hacían todo lo posible para estar juntos aunque nadie quería que lo lograran y les hacen la vida imposible. Pero, a pesar de todo tienen una hija hermosa con muchos poderes y son todos vampiros.– dice entusiasmada con sus libros.
–¿Y qué pensaste después de leer esa novela?– pregunto con legítima curiosidad pero noto que mi pregunta la desconcierta y la desconcentra.
Por suerte no se va y busca satisfacer mi curiosidad.
–Bueno, que me gustaría que un vampiro se enamorara de mí y tener un romance así… verdadero… que las cosas parecen imposible… y todo eso y a pesar de todos.– se envalentona en las últimas palabras y me agrada como suena “y todo eso y a pesar de todo”.
—La idea me parece conocida.— comento erróneamente.
–¿Y el último libro que leíste vos de qué trataba?– me pregunta a quemarropa con un “vos” que suena a desprecio.
Escarbo entre mis recuerdos de los leídos en el último mes alguno que vaya a tono con sus lecturas.
–De un pibe muy pavo que todos le pegan en el colegio y se enamora de una niña vampiro y se convierte en su sirviente para toda la vida… bueno, la vida de él porque ella es eterna.– termino y me doy cuenta que así resumido parece medio tonta la historia.
–¿Y qué pensaste después de leerlo?– llega su pregunta salvadora que ella hace por mera cortesía y a mí me permite explayarme.
–Muchas cosas… por ejemplo que muchas veces la vida es una mierda y algunos son maltratados y no pueden salir de eso y entonces para evitar el dominio de uno más fuerte se someten a poder de otro más fuerte aún. Además en el libro la madre está sola, la plata no les alcanza y entonces pensaba en lo injusta que es la vida o la gente con algunos… ah, también se me ocurrió el giro que toman las novelas de vampiros en los últimos años… el pueblo era un pueblo industrial que sufrió los embates del posliberalismo y…– iba a seguir hablando pero Bella me interrumpe.
–Si, sí, ya está, se entendió… cómo te gusta hacerte el intelectual a vos ¿no?
–No.
Enojada divide su andar del mío en la puerta del colegio. Ella sigue su rutina en la que no me incluye. Yo entro al colegio durante el recreo con tiempo de ir a la sala de profesores (porque creo y les hago creer a mis alumnos que soy un profesor) a tomar un café. Adentro un colega habla en tono crispado.
–Lo que pasa es que los chicos no leen.
–Muchos adultos con secundario terminado y buenas notas, tampoco.– pienso yo y no lo digo. Tampoco digo que pienso que mi colega debería ver un poco menos de tele y no sumarse a su lista.
El colega prosigue.
–Los alumnos tendrían que leer más.— concluye su imprecación.
–Leer mejor… no más, mejor… – se me escapa, casi sin querer.
–No te entiendo.– se le escapa queriendo.
–Dejá, no importa. Me quedé pensando en algo que pasó mientras venía al cole.– digo, me sirvo un café y callo.