viernes, 12 de enero de 2018

Crónicas de Matulandia: Los cuatro elementos.

Eterno ritual de asar la carne al calor del fuego. Matilda sale afuera, como siempre que estamos haciendo eso, abandona televisor y juegos de armar.
Esta vez me traicionó, el dibujo que trajo en sacrificio era el que había hecho yo jugando con ella.
¿Por qué hay tantas historias del fuego?
Porque está en todos lados y en todas las cosas.
¿Es lo único que tiene tantas historias?
No amor, también la tienen el agua, el aire y la tierra.
Y ¿por qué no hablamos nunca de eso?
Porque generalmente hacemos asado, si estuviéramos sembrando unas semillas hablaríamos de la tierra, el otro día cuando fuimos al río hablamos un poco del agua ¿te acordás?
Y el aire no se ve, ¿por eso no hablamos? lo escribo en signos de interrogación aunque no me quedó tan claro si pregunta o lo afirma.
El aire está en todos lados. le digo como para excusarme.
El aire al lado del fuego tiene calor. Afirma.
En realidad Matu, ¿te diste cuenta que no es el fuego el que cocina la carne sino el aire que tiene calor?— Lo digo como si lo hubiera pensado hace mucho pero en realidad estoy reflexionando ahora.
Me mira y lo piensa. Da una vuelta por el micropatio con un viejo, nostálgico y destartalado patapata de su infancia. Se detiene y pregunta.

¿Hay fuego en el aire?
Yo creo que hay aire en el fuego, porque si le sacas el aire, el fuego se muere.
¿El fuego se puede morir?¿Como nosotros, como los animales?
Se podría decir que sí.
El fuego está vivo entonces.
Sí. respondo rápido aunque en realidad dudo de haber respondido correctamente.
¿Y el agua y la tierra y el aire?
No sé, Matu. Pero la vida comienza en el agua, necesita del aire y vive en la tierra.
Somos agua, aire y tierra, entonces. Fuego no, nunca vi nadie de fuego. afirma con seguridad y a mí me desconcierta, dudo que haya visto personas de agua o de tierra, pero recuerdo a Becher y prefiero decirle otra cosa.
El fuego es transformación y todos nos transformamos.
Yo no me transformo, Chico Bestia se transforma.
Vos también Matu, antes eras un bebé y ahora sos una nena.
Se queda pensando y da otra vueltas al patapata. Doy vuelta la carne sobre la parrilla. Damos vuelta a la mesa y comenzamos a comer.
Levanta la cabeza de su plato y afirma.
La vaca se transformó en comida.
Sonrío y confirmo su apreciación.
Sí Matu, tenés razón.
Come otro bocado y luego continúa.
Seguimos transformándonos aunque estemos muertos.
Esta vez lo pienso yo. No digo nada; ella continúa.
Tenemos agua, aire, tierra y vaca… lo dice como si nada y continúa comiendo mientras prende la televisión, señal explicita de que ha terminado la conversación conmigo ya sea por aburrimiento o porque siente que no tiene nada más que decir.
Yo quedo pensando, como siempre.
«¿Tendremos el todo en cada uno de nosotros?»
Cuando Matu quiera hablar conmigo de nuevo, se lo preguntaré. Quizás ella sepa.
Antes de irse a acostar se me acerca y dándome un beso, me dice:
¡Te quiero! Mañana te voy a extrañar.

Y se transforma en amor que quema como el fuego, queda suspendido en el aire, fluye como el agua y permite unas raíces que en la tierra nos unirán por siempre.




Una imagen dibujada con fuego.

Tu recuerdo desgarra mi espalda
en nostalgia de placer y deseo.
Ya sé que hay millones de «peros»
y acepto todos, cada uno de ellos.
Imponderable recuerdo
de cuerpos que se encuentran
en un plano infinito y mundano
Inevitabilidad del roce rasante
que convierten los «noes»
en carnes deseantes;
los «no debo» en «qué hemos hecho»;
los silencios en «te sigo esperando»;
los «no quiero» en «me muero por estar en tu lecho».
Hemos arruinado
esta consciencia de sabernos destinados
y mirarte a los ojos
y bajar la mirada a tus senos
y fantasear sobre un texto
escrito y borrado mil veces
y saberte de otro feliz en su cuerpo
y saber que a ti
también te puede el deseo.
Trascendente y pornográfica imagen
la de tu cuerpo y mi cuerpo
que no puedo olvidar y no quiero
por el dibujo que a fuego tallaste

y que hoy me obliga al recuerdo.




domingo, 7 de enero de 2018

Diálogo entre Bella y Bestia: una obviedad.

           Bella se cambia.
¿Te vas?- pregunto.
Sí.
¿Cuándo te vuelvo a ver?
Nunca más.
La miro intrigado.
¿Por?
No quiero terminar convirtiéndome en otro escrito tuyo.
          Termina de ponerse la ropa y se está yendo. Yo saco el celular y tomo estas notas con el único fin de contradecirla.
           Me mira mientras sale y dice:
Me gustaría que habláramos el mismo idioma.
Yo soy bastante políglota, tomate la molestia de enseñármelo.
No tengo ganas.
Besos.

Besos.





martes, 19 de diciembre de 2017

Crónicas de Matulandia: Los colores.

A modo de introducción.
Matu siempre ha dibujado o pintado. En principio pintaba con colores muy duros y uniformes, rayado como pintan la mayoría de los niños hasta que descubrió los acrílicos y las témperas, entonces los colores eran uniformes.
Sin embargo y a pesar de eso, siempre ha intentado la mezcla de colores sobre el papel o la madera. La he visto lograr en un mismo dibujo tres tipos de negro distintos dando por descontado que el acrílico no es tan amable para la mezcla como otras pinturas.
Cierto día fuimos a visitar una Duende sonriente y le prestó para pintar sus tizas pastel. Matu quedó fascinada con la herramienta; primero los usó como si fueran crayones y luego ante la sugerencia de la Duende, pasó los dedos sobre los colores consiguiendo una uniformidad que no lograba su psicomotricidad. Pero, oh sorpresa, al usar el dedo sucio de un color sobre el otro color aparecía un tercer color.
Matu, en silencio, como suele estar cuando conoce a terceros, miraba maravillada lo que brotaba de sus dedos.
El día se fue al estómago de Cronos como suelen irse los días, sin embargo la impresión había quedado fijada en ella.
Desde ese día comenzó a reclamarme que le comprara esas tizas. Yo por ocupado, u olvidado, o mal padre, reiteradas veces olvidé esa compra.
Un día vino la Duende a nuestra casa, con un obsequio: 12 tizas pastel y un block de hojas de dibujo. Desde entonces Matu no sólo habló libremente con esta niña grande sino que se dedicó exclusivamente a jugar con sus nuevas tizas pastel durante horas, reclamándome constantemente que la acompañara en sus juegos… lo que me recordó una de mis grandes frustraciones, mi incapacidad para el dibujo y el color. Es muy triste saber lo que uno disfruta viendo algo que le gustaría pero se siente incapaz de hacer.



Matu siempre tuvo lápices, fibras o lo que fuera en una cantidad de 12 o inferior, nunca esa 24 o la maravillosa variedad de 48 grafitos distintos que permiten identificar una mayor variedad de matices y colores.
A modo de cuerpo.
Cada vez que la busco de su madre, volvemos los 12 km de ruta mirando el cielo, cantando canciones, conversando, viendo figuras en las nubes, reconociendo juegos de luz y sombra provocados por el atardecer.
Mirá Matu, cómo el sol se filtra entre las nubes y hace rayos como si estuvieran dibujados.
¿Qué es filtar?
Como que algo lo atrapa al sol, pero no puede atraparlo todo y deja que algo se le escape. Mientras respondo, pienso que estoy hablando de los vínculos humanos aunque sé que hablo sólo de una imagen.
Las nubes lo atrapan.
Sí, las nubes.
Mientras manejo miro el horizonte y veo un recuerdo, una pregunta que ella me hacía regularmente hace uno o dos años y se la devuelvo para ver qué responde.
¿Por qué está rojo allá?
¿Dónde?
Debajo de las nubes.
Ella mira y responde con una seguridad que me asusta.
No es rojo, es naranja y tiene un poco de amarillo y un poquito de blanco.
La miro maravillado, me sé incapaz de percibir eso a menos que me lo digan y me recuerda mucho a algunos diálogos con ciertas personas más sensibles que yo al color. Finalmente con temor, el miedo de quien teme verse superado por una niña de cinco años, le pregunto a quemarropa y sin darle tiempo.
¿Y el negro de las nubes?
No es negro papá, es gris y tiene algo azul.
Me doy vuelta sin pensar que estoy manejando (ya he dicho que soy un mal padre) y la miro intrigado. Ella me mira y me vulnera con facilidad.
Te quiero Papi.
Yo te amo, amor.
Vuelvo a mirar la ruta sonriendo y seguimos el viaje; como siempre, me ha dejado «chupando un palo sentado sobre una calabaza». El mundo y la gente son como los colores (pienso), hay quienes sólo ven la masa uniforme como un color y hay quienes pueden ver los matices, las sutilezas, lo complejo de un color o de una persona y todo lo que se combina para formarlo.
A modo de conclusión.
Llegamos a casa y nos bajamos del auto.
Papá, ¿vamos a pintar con las tizas? Pintá conmigo.
Bueno, amor. digo.

«Así seguís enseñándome un poco más del mundo», pienso, pero no le digo para que no salga tan pupocéntrica como yo.









lunes, 4 de diciembre de 2017

Una condena


Sólo puedo pensarme en la ausencia de otro
que te descuida el tiempo suficiente
para robarte algunas horas de tu suerte.
Y me apiado de ti pues yo no tengo
que fingir en otro cuerpo
un abrazo que te tengo destinado
desde antes incluso de conocerte.

El desvelo o el insomnio son un precio
que gustoso pago a la curva abismal de tus caderas
a la profundidad de tus labios recortados
al calor transpirado de tus manos.

No hay propiedades ni posesiones si se siente
y nada que pueda ser robado
si no se tiene previamente.

Mi condena es saber que algunos días
el destino me separa de mis ganas
de tus ganas de fundirte en un nosotros.

No es caro
porque sé que tu piel
no tiene fronteras entre mis dedos,
y tu boca abierta se desboca
en cada temblor
en cada cielo
en cada línea que dibujo en tu espalda
en cada vez que te penetro con mi alma
en cada vibración que te queda como un eco.

Tu condena es más difícil,
es despertar a su lado

y pensarme.








Insomnio pintado por los dioses













Estoy despierto…
la noche cerrada y oscura se alza
sobre la calva frente del insomnio
y el mate a duras penas si me saca
de este sueño que no deja que me duerma

Todos saben que no se puede beber de las orillas de Neptuno
Y sin embargo…
hay alguien que grita sobre un puente desconsolado de un anaranjado cielo.


Estoy despierto…
el silencio me abraza y se quiebra
en la profunda respiración de una niña
que me salva en su dormir de este vacío
de este pensar circular que no me cierra

Todos saben que de la trampa de Poto nadie escapa
Pero…
todos los ciegos tropiezan al borde del abismo engrisado de su suerte.


Estoy despierto…
hay un juego azaroso en los rituales
que desdobla los tiempos y los curva
hasta momentos en los que uno ya no sabe
si fue ayer o hace años lo vivido.

Todos saben que no se juega a los naipes con las Moiras
No obstante…
un gigante colosal mastica mi cabeza en un paisaje escondido tras el negro.


Estoy despierto…
pienso en los brazos que hoy abrasan
el pequeño duende del destino
y se cuece al calor de otros sabores
y me siento sobre esta calabaza

Todos saben que no se puede robar a Prometeo lo que no es propio
Empero…
una bandada de cuervos se levanta desde un amarillo trigo suicidado.


Estoy despierto…
con mis pies descalzos en la tierra
caminaré a tu mañana que despierta
y aunque toques ese cuerpo ahora a tu lado
será en mí en quien pienses que te pienso

Todos saben que no hay dueños ni propiedades para Eros
A pesar de eso…
acodada en la mesa la muchacha mira pinceladas gris-marrón frente a su vaso.


Estoy despierto…
en océanos pintados color verde
en la tranquilidad de saberse consecuente
en la fascinación de vivirse plenamente
y atraparte incluso ya sin verte.

Todos saben que Tánatos acompaña cada paso
Y sin embargo…

un joven con sus flores se curva en un interminable beso coloreado.


martes, 28 de noviembre de 2017

Cursilería de lunes trasnochado

Cuando la primera vez que te acostás con alguien podés seguir la conversación (ese es un detalle importante, que hayas podido tener una) mientras el otro está haciendo sus necesidades en el baño… y mirarse a los ojos y seguir hablando.
Es como Bécquer llevado a la realidad.