miércoles, 21 de junio de 2017

Un adiós sin imágenes

Hoy leo en tu face
que has muerto…
hace años no te/nos hablábamos
a un clic de mouse de distancia.
“Estoy morida” decías de tu cansancio
emulando ardillas
y hoy me entero que estás “morida”.
Y no te hable ni me hablaste
en tantos años y en tantas vidas.
Vos ortiva y yo de pocas palabras
y sin embargo miraba cada tanto
lo que publicabas
y vos ponías algún “me gusta”
a mis despotriques vanos.
Siempre fue difícil
para nosotros comunicarnos
incluso cuando intentamos
por dos heracliteanos años
dejar de ser amigos
para ser algo distinto.
Muerta como la muerte misma
larga siesta de nada
en la que has caído.
Hago un clic inútil hoy
por los tantos que no hice
queriendo hacerlo
porque te voy a extrañar
mi hermosa Sonia
que nunca fue tu verdadero nombre
pero lo adoptaste después de llamarme tantas veces
mi querido Rodia.
¡Tan muerta con tanta vida!
Un beso más entre nosotros
ya que nadie más que nosotros

podía entender estos textos.






domingo, 21 de mayo de 2017

fugacidad


el fugaz vuelo de la mariposa
ese sismo en el otro lado del mundo
lo perecedero que perece a cada instante
tu silencio categórico y presente
este vuelo fugaz de mariposa
con dos años de aleteo sin sentido
intentando lo que pudo no haber sido
derivando en las orillas del silencio
en un río heracliteano avasallante
que en su “aufhebung” se anula y se conserva
y concluye en un golpe contra el pecho
al que uno se acostumbra con el tiempo
y al destino de eternas soledades
que son cómodas, no duele como dicen
ese  raskolnikiano techo
al que uno se acostumbra en la mirada
y no es bueno ni malo lo vivido
es presente cronotópico invaluable
instantes
sólo instantes que nos arman
nos construyen en silencios

y se acaban.





miércoles, 17 de mayo de 2017

el arte, el circo y el mercado

Hay gente que hace arte, no importa lo qué haga; hace arte.
Soy profe de lengua y cuando enseño la “función estética” (la más difícil de explicar) le digo que es cuando hacen algo (un texto, que es un algo que interviene socialmente) para emocionar. El artista no expresa sus emociones (esa es la función emotiva), te emociona a vos.
Ustedes dirán: “¿Y eso a quién le importa?”
Pues a mí que lo estoy escribiendo frente a una problemática que me surge con ustedes y sus publicaciones.
Los artistas son artistas y las personas atrás de los artistas no me importan. De esa premisa parto para enfrentar un montón de enunciados de mierda sobre grandes artistas, un millar de enunciados benéficos referidos a mediocres artistas.
Pero volvamos al inicio, ¿qué es un artista?
Alguien que logra, mediante su texto (lingüístico, visual, auditivo o lo que fuere) emocionarme. Y no me refiero al golpe bajo, la sensiblería o el lugar común; hablo de verdadera emoción, que es algo que entra en conflicto con mi yo y me interpela y me replantea.
Y si hay algo que me agota al discutir con personas es que el objeto artístico dependa de los sujetos que lo hicieron.
Hasta el momento creo que no me entiende nadie, así que trataré de explicarme. Pero para explicarme cabalmente debo recurrir a distintos marcos de referencia, comencemos con el rock que me es más afín:
Me parece increíble la poética del Indio o el quiebre de Luka… eso no quiere decir que oyéndolos en muchas declaraciones no pueda pensar que uno es un pelotudo y el otro tenía el cerebro hecho mierda. Me gusta Pappo desde Pappo’s blues pero estoy seguro que no hubiéramos podido hablar ni dos segundos sin terminar a las trompadas. Eso no impide que me emocione con sus creaciones.
Vamos a la literatura que ahí tengo más variedad. Comparto la postura y la ideología de Galeano o Benedetti… sin embargo me parecen obras tan menores si las comparo con Borges (a quien detesto ideológicamente).
Me parece arte lo que Maradona o Messi logran con un balón y sin dudas no sería amigo de ninguno de los dos. Uno por contradictorio y otro por tibio.
Sin duda es arte (en este sentido de lograr emocionarme) la lucha permanente e inquebrantable de las madres de plaza de mayo y no me importa lo que, a boca de jarro, se le ocurra decir a Hebe.
El arte es emocionar, pero emocionar de verdad. No el llanto fácil de Daniell Steel o de cualquier golpeador bajo del mercado.
Creo que era un acierto del medio evo, época que respeto poco por estar manejada por una de las instituciones más represoras y oscurantistas, en el anonimato del artista.
Desde principios del siglo XX, quizás se lo debemos a la generación perdida o al dominio de la burguesía o quizás fue antes con los simbolistas y un Artaud o un Baudelaire, en el cual los mercados comprendieron que era más vendible el sufrimiento que el arte.
Nadie le compró una puta obra a Vincent (artista genial) y lo venden por millones luego de fabricar su suicidio, su oreja y su romance naif… se dieron cuenta y un tal Milo vende mediocridades mal copiadas de genios con una historia de rico-pobre-rico que no se cree nadie.
De pronto los anti algo no van a ver el único midachi que hacía algo parecido al arte porque está a favor del algo que ellos niegan.
Oigo Les Luthiers hablando de la realidad nacional y no lo puedo creer pero me siguen pareciendo geniales.
Sé que Celine fue nazi y apoyó los campos de concentración o que Cela era mierda de persona pero no me resta el placer de disfrutar de su obra.
Antes el mejor juez era el tiempo… pero hoy hasta el tiempo lo domina el mercado y se resucita productos como Locomía.
Entonces sólo nos resta educar. Ayudar a distinguir la paja del trigo… y eso es muy difícil cuando hay educadores que no las distinguen.
No importa quién lo haga, pero hay cosas que interpelan los valores establecidos, ponen en duda el mundo, no me importa que se llamen Rabelais, Puig o Fontanarrosa. No necesito saber de su vida, esos son artistas.
Veo actuar a Kevin Spacey o a Harvey Keitel y sé que son dos de los más grandes actores que ha dado el cine estos últimos años. No me importa como son como personas. Y no compro un Darín que aprendió a actuar de grande (para hacer siempre el mismo gran personaje) porque me hable políticamente correcto.
No sé si se entiende, pero estoy harto del show. De que la persona valga más que lo que hace.
Llévenlo si quieren a la política o a los deportes, no me hago cargo de las traslaciones que considero justificadas y válidas. Porque para mí el arte es la acción por sobre la persona… porque el arte para mí es la vida… y decime lo que quieras sobre la persona que quieras y yo me voy a fijar en lo que hizo y en lo que logró con lo que hizo.
Y este texto fue pensado muchas veces y nunca cabalmente escrito y hoy tampoco porque hoy tenía muchas cosas que hacer pero no estaba de ánimo y terminé escribiendo esto para defender de los “pro” y de los “k” gente que me parece valiosa no por gente, sino por lo que hicieron.

Pensamiento inútil de miércoles noctámbulo. Debería, como dice Les Luthiers, practicar más la epistemología y dejar de escribir.
Y si nadie entiende lo que quiero decir, tampoco significa que me angustie mucho.





lunes, 8 de mayo de 2017

¡Qué desastre esta RAE!

Voy a hacer un comentario porque me tienen inflado aquellos que se escandalizan con lo que «acepta» o «no acepta» la RAE como palabras de uso en nuestro idioma.
Y lo que más me preocupa es que esos comentarios los hacen gente supuestamente progresista.
Primero acordemos un detalle, como toda institución la RAE ha crecido ideológicamente, ya no es aquella que tenía el “speech” de un producto de limpieza («Limpia, fija y da esplendor»).
En la época de las monarquías o de los gobiernos verticalistas, la RAE era norma (con el significado de regla rectora), decía qué se debía y qué no se debía usar imaginando un lenguaje ajeno a quienes lo hablan, un lenguaje que subsiste por sobre el sujeto hablante.
Pero en realidad esto era una mentira, todos sabemos que el lenguaje es la forma de construir un estado de poder. El lenguaje que la RAE construía con su vara rectora de «esto está bien», «esto está mal» tenía que ver no con un verdadero uso del idioma sino con la aceptación de que el único verdadero era el que manejaban las esferas de poder.
En  esa época, lo único que nos salvaba era la literatura que hacía emerger desde el silencio las construcciones calladas de un pueblo.
Con el tiempo y el recambio, lentamente, como lo hacen las instituciones, la RAE comprendió que el idioma vive porque se usa y que los verdaderos dueños de la lengua son sus usuarios. Mientras pensaba esto, entró en conflicto con su carácter normativo. El sentido de la norma será, desde entonces, lo normal.
Había, sin embargo, en un intento de que el idioma no se resquebraje en miles de idiomas, pretender unificar esa normalidad.
Desde entonces, la Academia recaba información, estudia usos del pueblo (no de los grupos dominantes e ilustrados), los registra, analiza lo común y aconseja o desaconseja su uso.
Honestamente me parece brillante, una madurez como pocas instituciones han tenido y un espíritu verdaderamente democrático (más allá de posibles errores).
Pero, siempre el pero, los intelectuales supuestamente progresistas comienzan a escandalizarse con las palabras que acepta. Porque aceptar los usos del pueblo le duele hasta a los intelectuales que por lo general no provienen de esa masa silenciada. Y vemos publicaciones escandalizadas: «¡Viste lo que aceptó la RAE!», «¡Qué vergüenza!».
Qué vergüenza ustedes queridos come tintas. Cuán poca literatura hubiéramos tenido con gente con el espíritu de escriba que tienen ustedes.
Se aceptó almóndiga!!!!!.
Sí estimado, se aceptó que se usa en determinadas regiones; no se aconseja su uso porque no se impone, nada más. Si el idioma evolucionara como vuestra mente aún estaríamos diciendo «oculi» en lugar de «ojos». ¡Muy bien señora!, por eso se llama «oculista» al doctor que nos mira los ojos. La felicito, siga así.
Por otro lado, fíjese que al lado del término «almóndiga» agrega «desus. U. c. vulgar» que por si usted no lo sabía significa «en desuso, úsese como vulgar».
Qué lejos está el «filius» del «hijo».
El idioma es materia viva y tiene dos formas de crecer, o de la mano de los discursos hegemónicos que imponen un orden y un poder o de la mano del pueblo. No es cuestión de aceptar cualquier cosa (como usted está a punto de decir), porque dejaríamos de entendernos; pero tampoco es cuestión de darle la palabra a los doctos porque ellos lo van a usar para lo que siempre lo usaron, para marcar diferencias y generar valores y disvalores culturales, desvalorizando una cultura en pro de otra.

Amigos progres, dejen de publicar escandalizados lo que acepta o no la RAE. Piensen qué significa eso y, porfa, no se contradigan.



miércoles, 26 de abril de 2017

Los Algunos

Algunas personas,
por suerte sólo algunas.

Algunas personas están vivas
porque las trajeron al mundo sin preguntarles;
de haberlo hecho
muy probablemente aún lo estarían pensando
(evaluando costos, beneficios, conveniencias).
Sin embargo se prenden a la vida
como un choncaco
o como una bacteria a la parte enferma
con empecinamiento y sin sentido.
Algunas personas quieren seguir vivas
sin saber por qué,
sólo por estarlo.

Algunas personas aman lo más cómodo,
lo más parecido al cliché que le han vendido,
y se quedan a su lado
aún cuando el amor se ha terminado.
Persisten en la coexistencia
para no tener el fastidio de comenzar de vuelta.

Algunas personas viven de costumbres,
rumian rutinarias rutinas tranquilizadoras;
temen a los cambios y a los Otros,
a lo nuevo, a lo distinto
y se llenan la boca hablando mal de los jóvenes
que se atreven a hacer lo que no hicieron
y posiblemente quisieron.

Algunas personas toman un trabajo
y repiten lo que realizaron sus antecesores en el puesto
copian los esquemas prefijados
para evitar que lo imponderable (o la pasión) los sorprenda.

Algunas personas callan sus opiniones
para no molestar a las otras
o tienen la misma opinión que la mayoría
para tener la tranquilidad
de que aunque estén equivocados
estarán acompañados.

Algunas personas sólo hablan de los riesgos
no los toman, apartan de sí ese cáliz,
pero juzgan a los otros que si beben
con palabras soeces y vergüenzas.

Algunas personas viven mirando cómo viven los otros
desde una ventana abierta
que nunca se atreven a franquear.

Algunas personas evalúan todo lo que pasa
desde su conveniencia
incapaces absolutos de empatía
viven siempre temiendo que alguien se quede
con lo que ellos piensan que merecen.

Algunas personas creen que el universo se confabula
y que los Otros son los malos
y viven en el temor constante
de que sus fantasmas ganen esa batalla.

Algunas personas creen que la vida de otro Alguno
vale más que la vida de algún Otro.

Algunas personas piensan más en los límites
que en los encuentros;
en la careta
que en la cara;
en el tengo
que en el soy.

Algunas personas,
por suerte sólo algunas.


¡Qué mal me caen estos Algunos!




domingo, 23 de abril de 2017

Diálogo interteatral entre Bella y Bestia.


El actor entra a escena llevando en el bolsillo algunas monedas que le robó a Guillermo. La actriz apoltronada en un sillón relee las obras completas de alguien que alguna vez se hizo cine. El diálogo lo comienza él con la resignación y la tranquilidad de quien ya no espera nada de nadie.
BESTIA: Hola Bella.
BELLA: ¡Qué lindo oírte! Hace tiempo que no te oía (lo dice sin sacar la cabeza del libro).
BESTIA: Estuve  ocupado.
BELLA: ¿Valió la pena?
BESTIA: Sí. Realmente valió la pena que hoy siento tanto como las alegrías de ayer.
BELLA: Y por qué te desocupaste entonces.
BESTIA: Vos sabés que yo nunca supe.
BELLA: El amor está en los ojos, no en el corazón. (gira la cabeza y lo mira) ¿Debería enojarme con vos?
BESTIA: ¿Por qué?
BELLA: Por verme ahora; siempre que hubieras querido podrías haber venido en cualquier momento y hace más de un año que no te veo.
BESTIA: Sos la más bella manera que se me ocurre de combatir la tristeza; no entiendo por qué deberías enojarte.
BELLA: Siempre seremos sólo esto, ¿verdad?
BESTIA: ¿Qué cosa?
BELLA: Una débil y humilde ficción que no tiene sino la inconsistencia de un sueño…
BESTIA: Eres la Puck más bella que he conocido.
BELLA: Bueno mi Bottom con tu cabeza de asno, cuando el amor se acaba siempre volves a beber de la vertiente de mi lecho.
BESTIA: El amor, como ciego que es, impide a los amantes ver las idioteces que cometen. Me gusta tu lecho. Nunca hubo deudas ni promesas entre nosotros. Eso es quizás lo que haga que seas lo más sano que he vivido.
BELLA: No vas a aprender nunca mi niño grande, mi pequeño Bestia.
BESTIA: No, nunca.
BELLA: No te hacía una pregunta. (vuelve al libro) Asumí alguna virtud si no tienes ninguna.
Pausa. Mutis por foro de ambos.
La noche despunta como un fantasma que pide venganza y se llena de ruido y furia.
Retornan a escena.
BELLA: ¿Te veré otra vez?
BESTIA: Siempre vuelvo. El que vuelve demasiado rápido llega tan tarde como el que vuelve lento.
BELLA: Miserable soy si soy sólo remedio.
BESTIA: (Sonríe) juguete amor, no remedio, ambos somos solo juguetes de dos niños que no se atreven a crecer.
La mañana está vacía y uno se encuentra contando esta historia como un idiota.
El actor se retira pensando: Al nacer lloramos porque entramos en este vasto manicomio.

Y la tristeza no desaparece pero se hace tolerable.





viernes, 21 de abril de 2017

Una mirada

Los ojos no mienten diría mi abuela.
Los animales salvajes lo saben antes que mi abuela, por eso miran a los ojos previo a atacar, de esa manera comprenden la peligrosidad del oponente. Una mirada de ojos basta para saber si podemos atacar o debemos huir.
Eso en todo.
Cuando alguien tiene algún interés en nosotros, lo primero que nos lo indica es la mirada; es la mirada la que hace que nos acerquemos e intentemos sacar algún tema de conversación.
Cuando no le caemos bien a alguien (algo que me ocurre con frecuencia), el primer lugar en cual lo notamos es en la mirada… y no valen discursos ni hipocresías que puedan ocultar de esos ojos el "no te banco".
Cuando alguien nos quiere, lo notamos en su mirada… y cuando no nos quiere… es más fácil darse cuenta.
Cuando alguien nos miente, es la mirada la que delata y nos obliga a hacer miles de preguntas o a callar y pagar igual con igual.
Cuando alguien nos admira o desprecia, la mirada es casi la misma pero tan distintas que se hace evidente.
La mirada habla, habla por sobre las conciencias, habla sin protocolos de buen comportamiento, la mirada evidencia.

Será por eso, quizás, que cerramos los ojos al besar. Para que no se den cuenta... o porque no queremos darnos cuenta...