domingo, 17 de abril de 2016

El autor en el cuento «Borges y yo» de Jorge Luis Borges.

Este cuento de Borges, como todo texto de Borges, escapa a la simplificación categorial. Sin dudas es un cuento pero cuestiona mucho la posibilidad de ser definido como tal dentro de los parámetros clasificatorios tradicionales. Para poder hablar de cuento en este texto uno debe pensar en el giro que el mismo Borges hizo (junto con todos los escritores del fantástico argentino –Bioy, Cortazar, etc.–).
Influenciado en la escritura de Macedonio es un texto que se construye narrando su escritura. Borges planteó claramente ese lugar de la literatura y del autor en «la biblioteca de Babel» que luego retomaría en forma teorizada y brillante Foucault en su texto «el lenguaje al infinito».
«En la Biblioteca de Babel todo lo que puede ser dicho ya ha sido dicho: se pueden encontrar en ella todos los lenguajes concebidos, imaginados, e incluso los lenguajes concebibles, imaginables; todo ha sido pronunciado, Incluso lo que no tiene sentido, al punto que el descubrimiento de la más exigua coherencia formal es un azar altamente improbable, cuyas numerosas existencias, sin embargo obstinadas, jamás han sido favorecidas. Y, no obstante, por encima de todas estas palabras, un lenguaje riguroso, soberano, las recubre, las cuenta y a decir verdad las hace nacer: lenguaje apoyado contra la muerte puesto que es en el momento de caer en los pozos del Hexágono infinito que el más lúcido (el último, en consecuencia) de los bibliotecarios revela que también el infinito del lenguaje se multiplica al infinito, repitiéndose sin término en las figuras desdobladas de lo Mismo.» Foucaul (1994)
El narrador del texto es una primera persona que habla de una tercera persona que es el mismo y a la vez Otro. Un sí mismo que lo supera y al que pertenece.
«Por lo demás, yo estoy destinado a perderme, definitivamente, y sólo algún instante de mí podrá sobrevivir en el otro.»
Se presenta un Borges personaje que se anticipa al Borges autor y es absorbido por este. El procedimiento es muy claramente el «Aufhebung» hegeliano en el cual el espíritu logra la alteridad para luego absorberla y conocerla en un proceso contradictorio de «anulación, superación y conservación».
Se puede apreciar cómo el personaje se dice hacedor de los poemas, luego los cuentos de arrabal y finalmente los cuentos fantásticos que atribuimos al Borges escritor a la vez que reconoce que ya no le pertenecen.
«(…) la piedra eternamente quiere ser piedra y el tigre un tigre. Yo he de quedar en Borges (…) Hace años yo traté de librarme de él y pasé de las mitologías del arrabal a los juegos con el tiempo y con lo infinito, pero esos juegos son de Borges ahora y tendré que idear otras cosas (…)» Borges (1960)
Borges dice que va a persistir en el otro Borges pero queda en nosotros preguntarnos si el otro Borges tendría entidad sin este. La creación crea a su creador, le da existencia como en «Ruinas circulares»; el creador se reconoce creado sólo después de crear.
El autor físico cobra existencia cuando ingresa a la biblioteca, pero ingresa a la biblioteca cuando entra en relación con otros textos y se convierte en autor textual.
Claro que queda algo insoslayable, la escritura de Borges no es la escritura de cualquier otro escritor. Borges se constituye en la literatura nacional como un «instaurador de discursividad» (robo este concepto del texto “¿Qué es el autor?” de  M. Foucault.)
«"iniciadores de prácticas discursivas", no sólo hicieron posible un cierto número de analogías que podían ser adoptadas por textos futuros, sino que también, y con igual importancia, hicieron posible un cierto número de diferencias. Abrieron un espacio para la introducción de elementos ajenos a ellos, los que, sin embargo permanecen dentro del campo del discurso que ellos iniciaron.» Foucault (1966).
En conclusión, el cuento se inscribe en la tradición de la literatura autorreferencial y autonómica que convierte a la literatura y el proceso de escritura en el tema de la literatura permitiendo así que surja nuevamente el autor pero esta vez no afuera sino adentro del texto. Este juego instaurado por Borges, desde el momento en el cual hablaba de Macedonio hasta cuando inventó a Pierre Menard o John Wilkin, es parte de esta díada creador-creado.
En este cuento, Borges se independiza de influencias, el texto hace referencia a una biblioteca que le permite constituirse como literatura pero esta biblioteca tiene nombre y apellido: Jorge Luis Borges, porque Borges ya se sabe parte del canon y la importancia del lugar que ocupa en la biblioteca.
Para entender lo que intento plantear creo que es necesario pensar en el «autor-función» del que habla Foucault en su texto y por eso «deberíamos preguntar: ¿bajo qué condiciones y a través de qué formas puede una entidad como el sujeto aparecer en el orden del discurso? ¿Qué posición ocupa? ¿Qué funciones exhibe? y ¿qué reglas sigue en cada tipo de discurso? En pocas palabras, el sujeto (y sus sustitutos) debe ser despojado de su rol creativo y analizado como una función, compleja y variable.»
En definitiva, el autor existe en función del texto que escribe y la posición que ocupa en el orden del discurso. Algo que “Borges y yo” lo pone claramente en manifiesto.

(El dibujo de Borges es del genio de Rep.)
El cuento se puede leer acá: Borges y yo 



Bibliografía:
Equipo Especialización (2016). Modulo Didáctica de la Teoría Literaria. Clase 2. El autor y el problema de la intención. Especialización en Enseñanza de Escritura y Literatura para la escuela secundaria. Ministerio de Educación y Deportes de la Nación.
Foucault, Michel (1992) “El orden del discurso”. Tusquets Editores.
Foucault, Michel (1994) “El lenguaje al infinito” en “De lenguaje y Literaura”. Paidos.
Foucault, Michel (1998) “¿Qué es el autor?”. Litoral.
Borges, Jorge Luis (1960) “Borges y yo” en El hacedor, Buenos Aires, Emecé.




1 comentario:

  1. Con cero autoridad y bastante osadía, yo no creo que el otro Borges pueda tener entidad sin éste.
    ¨ la piedra eternamente quiere ser piedra y el tigre un tigre¨ ¿Qué queremos y en qué habremos de quedar nosotros? Vaya misterio circular.

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