lunes, 14 de diciembre de 2015

Cronotopo

Estaba en uno de esos lugares en los cuales uno no sabe dónde está ni por qué. Recuerdo que había sido llevado por alguien pero tampoco recuerdo quién. Todo carecía de sentido: el lugar, la gente, la música y yo.
Entonces la volví a ver, luego de más de diez años.
Entró a la fiesta acompañada de un hombre que parecía ligeramente mayor aunque bien conservado. Ella estaba casi igual a ella cuando era mi ella.
Entró como siempre lo hacía, sin mirar a nadie, sabiéndose mujer de las miradas y no de las que miran. En esos dos grupos pueden resumirse todas las mujeres bellas del universo: las miradas y las que miran. Ella era… es del primer grupo.
Entró y yo seguía anclado en una copa, en una mesa, en una yoica soledad. No voy a mentir lo que no soy ni nunca he sido, ni simpático, ni divertido. Huraño, atrincherado en una mirada de pocos amigos, sentado en un rincón del salón suelo habitar los lugares más oscuros y menos sociables de las fiestas.
Entró y me acerqué.
—Hola.
—Hola.— contestó indiferente. Evidentemente no me había reconocido o fingía no hacerlo.
—Hola.— Saludó él. Parecía agradable, de los ganadores que le caen simpático a todos.
Yo la seguía mirando a ella. Al no encontrar respuesta en la mirada seguí caminando. Cuando sentí un suave, casi sin querer, roce de su brazo con mi brazo. Y hubiera sido así, un «sin querer», de no ser porque sus dedos índice y medio se trabaron una fracción de segundos con mis dedos.
Toda la noche la miré mientras ella saludaba a todos. Hablaba festiva y reía jovial.
Fui al patio a descansar de su recuerdo.
—Hola.— me dijo su voz desde atrás.
—Hola.— le respondí sin darme vueltas.
—Estás igual.
—Vos estás más linda.
—La belleza es la experiencia. ¿Qué es de tu vida?
—Nada, lo de siempre. Siempre el mismo caos pero ahora aparento estar ordenado.
—Siempre hablaste raro vos.
—Siempre fuiste linda vos.
—Y malo, como siempre. ¿Qué pena?
—Es lindo verte de nuevo, aunque haya sido una pena.
—Te veo.— dijo despidiéndose.
—No creo que las casualidades tengan la virtud de repetirse.
Acercó su rostro al mío, nos dimos un beso suave, lento y se fue.
«Qué suerte que haya sido una pena; peor hubiere sido que no hubiera sido», pensé antes de darme cuenta el número de teléfono en mi bolsillo.
Lo mire sin leerlo, lo abollé y lo arrojé a un cesto que estaba cerca.

Los vicios se dejan por completo o no se dejan.

2 comentarios:

  1. ¨(...) El éxtasis no repite sus símbolos. (...) ¨ (JLB)

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    1. «Quien ha entrevisto el universo, quien ha entrevisto los ardientes designios del universo, no puede pensar en un hombre, en sus triviales dichas o desventuras, aunque ese hombre sea él. Ese hombre ha sido él, y ahora no le importa.» ibidem

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