miércoles, 23 de diciembre de 2015

El/lo sentido

En la clase de lengua el profesor pregunta:
¿Perros?
Los alumnos responden:
—Jauría.
—¿Peces?
—Cardúmen
—¿Árboles?
—Bosque, arboleda… —las voces se mezclan y confunden.
El profesor piensa: «¿Cuál será el sustantivo colectivo para una serie de eventos desdichados o desafortunados?»
—¿Cerdos?
— …
Ante el silencio de los alumnos el profesor automáticamente, automatizadamente, responde:
— Vida…
Los alumnos lo miran desconcertados.
—No, perdón, piara.
El profesor se queda pensando mientras los alumnos continúan haciendo los ejercicios. Piensa, quizás, no sé, me imagino, en «el sentido». Me imagino este pensamiento porque es un pensamiento recurrente en este personaje; de la misma manera que puedo imaginar una serie de antítesis y categorías o grupos; esa suele ser su manera de pensar. Pero no… el profesor piensa o cree pensar:
«Lo único que tiene sentido es el deseo. No ese deseo freudiano polifacético, multiuso y endeble… no. Lo único que tiene sentido es el deseo. El deseo bruto, sin intelectualidades ni sentidos. El deseo coital y promiscuo. Presentista, inevitable e inevitado. Por eso las sociedades pacatas lo censuran y reprimen… Por eso las sociedades mercantilistas lo convierten en producto de consumo… En realidad es, siempre fue y seguirá siendo lo único que no puede ser manejado por un sistema político. El deseo surge y se impone, aún en contra de cualquier racionalismo. Aun a través de años de autocensura. El deseo es, está ahí y gobierna sobre años de imposiciones inconscientes.»
No puede evitar pensar en un tema de Silvio: «¿Qué se puede hacer con el amor? ¿Qué se puede hacer si es cosa de él?»
Piensa, porque pensar es gratis: «¿Cómo manejan las distintas sociedades el deseo? Porque el deseo es incontrolable y genera acciones incontrolables. Lejos está el amor de esa estupidez de los románticos; el deseo genera pasión y la pasión genera caos y el caos no puede ser asimilado por el orden social. Y ¿cómo la manejan? Ubican en el deseo otros objetos: objetos que se compran, las sociedades mercantilistas; dioses, las sociedades verticalistas; saberes racionales, las sociedades burguesas; evasiones, las sociedades excluidoras. Y lo único que hay, atrás de todas esas máscaras es simple y vulgar deseo.»
Toca el timbre, sale afuera. Su serie de eventos desafortunados lo lleva a otro lugar distinto al que quiere ir.
Mira el celular, lee el mensaje y contesta:
—No puedo.

Se va, sintiendo que la vida no tiene mucho sentido.

1 comentario:

  1. No, pero sigue valiendo la pena. / ¨ Hasta donde da
    el universo del deseo, más grande
    que el universo. (...) hay
    agujeros con fierros que
    tienen mirada de pájaro.¨ (J.G.)

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